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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 95

El camino a la oficina se le hizo eterno. Con cada bache, a Amanda se le revolvía más el estómago; de hecho, ni desayunó por miedo a vomitar antes de salir.

Buscando una menta en su bolso, sus dedos rozaron su agenda.

La sacó por instinto, abrió el calendario donde anotaba su ciclo menstrual y empezó a contar los días. Parpadeó, incrédula. Lo revisó de nuevo. Tenía casi un mes de retraso.

El corazón se le desbocó contra las costillas.

De golpe, la mente la llevó a esas noches salvajes con Víctor, donde la pasión los cegó tanto que se les olvidó por completo cuidarse.

Se enderezó de golpe en el asiento.

—Ramón, párate en la primera farmacia que veas, por favor —pidió, tratando de que la voz no le temblara.

El chofer la miró preocupado por el retrovisor.

—¿Se siente mal, señora Amanda? ¿Quiere que la lleve a una clínica?

—No, no, tranquilo. Solo voy a comprar algo que necesito urgente.

—Como ordene, señora.

Minutos después, Amanda entró a su oficina en la constructora caminando a paso rápido, ignorando casi por completo los buenos días de su equipo.

Entró directo a su despacho, le pasó seguro a la puerta principal y se encerró de inmediato en su baño privado.

Con las manos temblando, rompió la caja de la prueba de embarazo.

Leyó las instrucciones tres veces, sintiendo que no entendía las letras. Hizo exactamente lo que decía el empaque y se sentó en la tapa del inodoro a esperar.

Esos minutos fueron los más largos y agonizantes de toda su vida. Se mordió las uñas, movió la pierna con impaciencia, rezando en silencio.

Cuando por fin pasó el tiempo, tomó el pequeño aparato de plástico con mucho cuidado, casi con miedo a romperlo.

Dos líneas rosadas. Perfectamente marcadas.

El resultado era Positivo.

—Estoy embarazada... —susurró para sí misma, llevándose una mano a los labios.

Una lágrima le rodó por la mejilla. Su mayor sueño se estaba cumpliendo: le daría un hijo a Víctor.

Pero la sonrisa se le borró de golpe, reemplazada por un nudo en el estómago. Se tocó el vientre plano, asaltada por el miedo.

Para ella esto era magia, su primer bebé. Pero para Víctor no. Él ya había vivido esa emoción con Melissa, ya tenía a Mattias.

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