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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 97

Una hora más tarde, decidieron retirarse. Necesitaban aire, alejarse de las felicitaciones y asimilar el triunfo.

Salieron a la terraza privada del primer piso, un lugar apartado y tranquilo, justo antes de bajar al estacionamiento donde Ramón los esperaba con el auto.

La noche estaba fresca y el cielo iluminado por las luces de la ciudad que se extendía a sus pies.

Amanda se detuvo de pronto en medio de la terraza.

El corazón le empezó a latir tan fuerte que pensó que se le iba a salir por la garganta. Tragó saliva. Era el momento y no podía esperar ni un segundo más.

Se giró hacia él y lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos con una fuerza nerviosa.

Víctor la notó tensa. Se acercó un paso, levantó la mano libre y le acarició la mejilla con una ternura infinita, apartándole un mechón de cabello suelto.

—¿Qué pasa, mi amor? —le preguntó, con la voz suave—. ¿Estás muy cansada? Hoy te luciste, Amanda, me tienes vuelto loco de orgullo. Eres brillante.

Amanda negó con la cabeza lentamente, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—No es eso... —le tembló la voz—. Es que... hoy celebramos mi triunfo, pero... hay algo más, Víctor. El contrato más importante de mi vida no lo firmé allá arriba.

Víctor frunció el ceño, completamente confundido.

—No te entiendo, preciosa. ¿De qué hablas?

Amanda soltó su mano por un segundo.

Abrió el broche de su cartera, rebuscó con los dedos temblorosos y sacó la prueba de embarazo positiva.

Respiró profundo, cerró los ojos por un microsegundo y se lo entregó, poniéndoselo directo en la palma de la mano.

Víctor bajó la mirada.

El mundo pareció detenerse. El ruido de la ciudad desapareció. Víctor se quedó mirando las dos líneas rosadas perfectamente marcadas.

Parpadeó una vez. Dos veces.

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