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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 201

Yago ordenó que le trajeran un cambio completo de ropa limpia en el menor tiempo posible.

—Ve a mi oficina, adentro hay una suite con baño donde puedes darte una ducha. No te preocupes, no dejaré que entre nadie —le indicó.

A Vania le pareció inapropiado, pero no tenía otra alternativa. Su cabello estaba cubierto de clara de huevo, cáscaras y otras sustancias asquerosas; apestaba y se sentía repulsiva.

Cuando Yago la escoltó hacia arriba, varios empleados entrometidos la vieron en ese estado y empezaron a murmurar a sus espaldas.

Era evidente que alguien en la oficina ya había visto la publicación sobre ella.

Los comentarios en internet eran sumamente crueles, llenos de insultos de todo tipo. La mayoría se dedicaba a contar, con lujo de detalles, la historia de cómo hace cinco años ella había manipulado a Hugo Yáñez para meterse en su cama, relatándolo como si fuera una novela.

La publicación se había viralizado rápidamente en las redes sociales. Últimamente, el cómic de Nuno y Vina estaba en su apogeo, por lo que era imposible pasar desapercibida. Aunque alguien había borrado la publicación original diez minutos después, ya había generado un sinfín de discusiones. Miles de usuarios la habían guardado y compartido, haciendo imposible eliminar su rastro por completo.

Vania ignoró las miradas extrañas de todos. Entró a la oficina de Yago, se aseó por completo y se puso la ropa limpia antes de salir.

Yago se comportó como un verdadero caballero. Para evitar malentendidos y habladurías, se quedó trabajando en la sala de reuniones durante una hora.

Cuando Vania salió, sintiéndose fresca y renovada, su estado de ánimo había mejorado muchísimo.

—Puedes estar tranquila, en esta empresa nadie se atreverá a andar con chismes sobre ti —le aseguró él.

Vania esbozó una sonrisa un tanto forzada.

—Yago, ¿no sospechas de mí? —preguntó ella.

Yago la miró con cierta compasión en los ojos.

—No sé por qué no haces pública tu relación matrimonial con el señor Yáñez, y lo que digan los demás es asunto de ellos. Pero yo confío plenamente en tu integridad.

Vania le agradeció profundamente su confianza.

Ella se sentía como una víctima. Se le acusaba de cosas totalmente infundadas. Según sus propios recuerdos, sí había llegado a sentir algo por Hugo Yáñez, pero jamás al extremo de drogarlo para forzar una situación, como si su vida dependiera de tenerlo.

No entendía por qué había ocurrido todo aquello, pero confiaba en que el tiempo, eventualmente, le daría las respuestas.

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