—¿De dónde aprendiste eso?
Hugo se mantuvo impasible.
—Una mujer nace siendo un arma. El comandante subestima el resto de mis talentos.
Hugo recuperó su corbata de un tirón. Yara ya se había deslizado para sentarse sobre el borde del escritorio en una pose extremadamente sugerente.
Eso fue exactamente lo que vio Cristina cuando empujó la puerta de la oficina.
Jamás, ni en sus peores pesadillas, imaginó que Hugo tendría a otra mujer a su lado. La llama de los celos la consumió al instante.
—¿Quién te crees que eres? ¿Qué están haciendo?
Cristina nunca pensó que vería a una mujer que no fuera ella dentro de la oficina principal del Corporativo Yáñez.
Yara saltó del escritorio con una gracia felina. Frente a los ojos furiosos de Cristina, se abotonó la camisa con total indiferencia.
Sin dedicarle siquiera una mirada a la recién llegada, se dirigió exclusivamente a Hugo con voz monótona.
—Me retiro.
Hugo asintió ligeramente.
Una vez que Yara salió, Cristina se quedó clavada en su lugar, esperando una explicación.
Creía que él intentaría justificarse, pero Hugo simplemente la miró de reojo, sin la menor calidez en los ojos.
—¿Qué haces aquí?
Cristina se tragó la rabia. ¿Acaso la actitud de esa descarada ofreciéndosele no merecía una explicación?
Pero Hugo no mostraba la más mínima culpa de alguien que hubiera sido atrapado infraganti. Ni siquiera parecía tener la intención de hablar del tema.
Las quejas murieron en la garganta de Cristina.
No podía permitirse lucir como una esposa celosa e irracional. No quería ser como Vania.
—Es que... hace mucho que no nos vemos. Quería venir a ver si te estabas cuidando.
Se acercó y colocó sobre la mesa un recipiente con sopa casera. Había creado esta excusa a propósito para espiar en qué andaba tan ocupado.
—Xavi estuvo muy triste hoy. Te ha dicho papá Hugo desde que nació, y de repente le exiges que te llame Tío Hugo. Cree que ya no lo quieres.
Cristina murmuró sobre el dolor del niño, sin mencionar ni una palabra de lo incómoda que ella se sentía.
Especialmente por la mujer de hace un momento. Todas las alarmas sonaban en su cabeza. Hugo había comenzado a distanciarse, y ahora confirmaba que había alguien más.
Pero, al menos, se había dado cuenta a tiempo.
Si a Hugo realmente le importara esa mujer, no habría permitido que se fuera tan rápido al verla llegar.


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