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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 16

Un amor así, barato y descarado, no lo quería para nada.

Y Otilia era igual de descarada. Decía ser su mejor amiga, pero no hacía más que traicionarla.

¡Esos dos iban a pagar por lo que habían hecho!

***

A la mañana siguiente, Isabella desayunaba con los Ibáñez.

Diana le lanzó varias miradas de desprecio, pero como vio que no reaccionaba, empezó a hablar con sarcasmo.

—Algunas personas no saben cuál es su lugar, y se creen indispensables para la empresa.

—Ja, ¿acaso esperará que le roguemos que vuelva a trabajar?

—Le dimos demasiada importancia, y por eso se le subieron los humos.

—¡Mamá! —Gabriel negó con la cabeza—. Ya basta, vamos a comer.

—Soy su suegra, ¿qué tiene de malo que le diga un par de cosas? ¡La estoy educando!

—Gracias por sus enseñanzas —dijo Isabella, mirando a su suegra con una sonrisa—. Tiene razón, soy una inútil. No he cerrado ningún gran proyecto para la empresa ni le he hecho ganar mucho dinero. Mi suegro hizo bien en despedirme.

—¡Ja! Al menos lo reconoces —dijo Diana, sintiéndose un poco satisfecha.

—Por cierto, todavía tengo un montón de documentos que entregar. Por ejemplo, el del proyecto de la calle comercial del Grupo Crespo, el del complejo de villas de lujo de la Empresa Innova, y sí, también el del centro comercial del Grupo Domínguez —dijo Isabella, mirando a Raúl—. Papá, ¿todavía tengo que entregarlos? Digo, no es que sean proyectos tan importantes.

La cara de Raúl se ensombreció.

—¡Claro que tienes que entregarlos, es tu obligación!

Isabella miró entonces a Diana.

—Supongo que mi suegra no ha oído hablar de estos proyectos. Claro, usted se pasa el día en casa viendo telenovelas o cuidando sus plantas. Es normal que no esté al tanto de estas cosas.

—¡Tú!

—Como mi suegro me despidió, ahora tengo mucho tiempo libre. Puedo quedarme en casa con usted a ver telenovelas y cuidar las plantas. Seríamos un par de desocupadas, ¿qué le parece?

A Diana se le subió la presión por el coraje. ¿Qué le pasaba a esta Isabella? Antes, si no era zalamera con ella, al menos era respetuosa. Pero ahora, cada palabra que le decía era una espina.

Gabriel guardó silencio un momento y luego miró a su padre.

—Papá, creo que es mejor que Isabella vuelva a la empresa. Aunque no sea en el departamento de proyectos, en cualquier otro.

Capítulo 16 1

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