—No es nada grave —dijo él.
Al escuchar esas palabras, Isabella no pudo evitar emocionarse.
Desde el accidente de carro, había visitado varios hospitales y todos los médicos le habían dicho que sus esperanzas de quedar embarazada eran muy escasas. Aunque se decía a sí misma que no importaba y había dejado de insistir, a veces sentía una punzada de tristeza.
—¿Quiere decir que puedo embarazarme?
—¿Qué médico incompetente te dijo que no podías?
—Pues…
Varios, entre ellos algunos especialistas de renombre.
El viejo doctor inclinó un poco la cabeza.
—Tu matriz sí sufrió un daño, pero se nota que te has cuidado mucho, así que en estos años ha mejorado bastante. De ahora en adelante, solo tienes que seguir mi tratamiento, una dosis diaria, y te garantizo que en tres meses tu matriz estará completamente recuperada.
Isabella, además de feliz, también ladeó la cabeza. «Un momento, me está hablando a mí, ¿no?».
«Entonces, ¿por qué no me mira a mí y sigue mirando detrás de mí?».
—Ejem —carraspeó el doctor, enderezando la cabeza—. Durante estos tres meses de tratamiento, nada de relaciones sexuales.
—De acuerdo.
—Nada de tabaco, alcohol ni alimentos fríos o crudos.
—De acuerdo.
—Y abrígate bien. Aunque sea verano, tienes que mantener el vientre caliente.
—De acuerdo.
—Estas indicaciones son muy importantes, ¿me estás escuchando?
Isabella se quedó callada.
«¿Cómo que no lo estoy escuchando? ¡Si no he parado de decir “de acuerdo”!».
El viejo doctor soltó un bufido de enfado.
—Si quieres tener un hijo pronto, tienes que poner un poco más de tu parte.
Isabella suspiró. «¿Este doctor de verdad será de fiar? ¿No tendrá algún problema mental?».


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...