Al subirse al carro, Isabella arrojó la bolsa de hierbas en el asiento del copiloto.
Estaba a punto de arrancar para irse a casa cuando sonó su celular.
—Bella, ¿te acuerdas de qué día es mañana?
Era Otilia. Su voz sonaba ligera y alegre, como si la desagradable escena de la noche anterior nunca hubiera ocurrido.
«¿Qué día es mañana?».
Isabella se puso a pensar y su expresión se ensombreció.
—¡Es tu tercer aniversario de bodas con Gabriel!
—Vaya, la verdad es que se me había olvidado por completo —dijo ella, con una media sonrisa.
—Sabía que se te olvidaría, por eso lo he estado recordando por ti.
—Oti, eres un sol.
—Para eso estamos las mejores amigas.
—Pero con todo lo que ha pasado últimamente, no tengo muchos ánimos de celebrar.
—Si no tienes ganas, déjame que yo lo prepare por ti.
Isabella entrecerró los ojos.
—Sería mucha molestia para ti.
—Por ti, no me importa molestarme un poco.
—Bueno… está bien.
—¡Mañana te aviso!
—De acuerdo.
Tras colgar, Isabella no pudo contener su ira y golpeó con fuerza el volante.
«¡Sabe perfectamente que mi matrimonio con Gabriel es una farsa y aun así se ofrece a prepararme la celebración de aniversario! ¡Lo único que quiere es burlarse de mí en mi propia cara!».
«¡Otilia! Yo, Isabella, siempre te he tratado bien, ¡y tú te burlas de mí de esta manera!».
Al llegar a la mansión Ibáñez, mientras metía su carro en el garaje, vio que el chofer, Alfredo, sacaba otro vehículo.
Cuando se bajó, vio a Diana salir con una pequeña maleta. Alfredo corrió a tomarla y la guardó en la cajuela.
—Mamá, ¿va a salir? —le preguntó Isabella, acercándose.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...