—¡Que todo el mundo vea esto! Esta empresa me exprimió hasta el último momento y, después de que les conseguí un proyecto enorme a base de trabajar horas extra todos los días, me corrieron sin ninguna razón. ¡Y para colmo, después de que los ayudé con toda la entrega, ahora no me quieren dar mis cosas, no me dejan llevármelas!
Isabella grababa con su celular, recorriendo los diferentes departamentos de la empresa mientras lo hacía. Por donde pasaba, los empleados bajaban la cabeza, muertos de la vergüenza.
Gustavo, todo nervioso, intentó quitarle el celular, pero Isabella lo empujó.
—¡Te atreves a tocarme el celular y le hablo a la policía!
El asistente solo seguía órdenes de su jefe, así que no se atrevió a buscarse problemas con la policía. Se encogió de hombros y corrió a avisarle al director.
—Seguro se mueren de ganas por saber cómo se llama esta empresa. Pues ahora mismo se los digo, se llama…
—¡Isabella! ¡Ya basta!
Raúl bajó corriendo las escaleras, hecho una furia, y le gritó.
Isabella se volteó a verlo, con una sonrisa que se dibujaba lentamente en sus labios, y luego apuntó la cámara hacia él.
Raúl, por instinto, se cubrió la cara, pero enseguida se dio cuenta de que eso era humillante y le ordenó:
—¡Ven a mi oficina ahora mismo!
Dicho esto, se metió deprisa en el elevador y subió de nuevo.
Isabella soltó una risita burlona y caminó hacia el elevador.
—Jefa, qué bárbara eres —dijo Sara, acercándose a escondidas.
Isabella le dio un toquecito en la frente.
—Esto no es asunto tuyo, ¡ponte a trabajar!
—Es que no tenemos nada que hacer. Desde que Otilia te reemplazó, se adueñó por completo del proyecto del Grupo Domínguez. No nos deja meter mano en nada —dijo Sara, encogiéndose de hombros.
Isabella sonrió con ironía. Otilia se creía muy lista, pero en realidad era una tonta.
El éxito de un proyecto es el resultado del esfuerzo de todo un departamento, no de una sola persona. Alguien que se siente tan importante y que teme compartir el crédito nunca podrá liderar un equipo ni sacar adelante un proyecto.
—Si yo fuera ustedes, me la pasaría sentada platicando, viendo videos y jugando. Total, el bono ya lo cobraron.
Entró a la oficina. Raúl contenía a duras penas su enojo y, al verla, soltó un bufido de desprecio.
—¡Borra ese video ahora mismo!
Isabella no dijo nada, ni se movió.
—De verdad que me has decepcionado. El Grupo Triunfo te formó, te ascendió, te dio un puesto importante, y durante todos estos años te ha permitido ganar un dineral. ¡Pero eres una malagradecida, y encima quieres manchar el nombre del Grupo Triunfo!
—Y ya ni hablemos de la empresa, hablemos de mí. Te elegí de entre un montón de practicantes, te enseñé personalmente, dejé que mi hijo se casara contigo. ¡Todo lo bueno que hice por ti, ¿acaso ya se te olvidó?!
Raúl lo soltó todo de un tirón, y su furia pareció calmarse un poco.
Isabella, en cambio, se rio con frialdad.
—El Grupo Triunfo me formó, me ascendió y me dio un puesto importante, ¡y yo durante seis años me partí el lomo por la empresa, conseguí varios proyectos grandes y la salvé de la quiebra!
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...