Ella quería destaparlo todo, ¡pero Isabella no se lo iba a permitir!
Ya que el juego había comenzado, nadie podía detenerlo hasta que ella se cansara de jugar.
Otilia no supo qué decir. Solo pudo bajar la cabeza, como si fuera la culpable de todo.
—Bueno, hagámoslo por Oti, al fin y al cabo, ella fue la que causó este desastre —dijo Isabella, mirando a Raúl—. ¿Qué puedo hacer?
Raúl suspiró aliviado, pero al pensar en lo que necesitaba que Isabella hiciera, dudó de que realmente pudiera lograrlo.
Pero en ese momento, no había otra opción.
—El Grupo Domínguez se niega a comunicarse con nosotros. No contestan las llamadas y, cuando Gabriel fue en persona, tampoco lo recibieron.
—¿Así que quiere que yo contacte al señor López?
—Como tú siempre te encargaste de la comunicación con el Grupo Domínguez, supongo que tienes cierta relación con el señor López.
—Sí, algo de relación hay.
—Necesito que le pidas que nos den un poco más de tiempo. Modificaremos la propuesta de diseño hasta que estén satisfechos. Por nada del mundo pueden cambiar de empresa.
—Ah, ya veo.
Mientras Isabella lo consideraba, Diana le susurró a Gabriel:
—¿Crees que ella va a tener más peso que tú o tu papá? ¡Yo creo que tampoco lo va a lograr!
Gabriel suspiró.
—Dejemos que lo intente.
—Si no lo logra, me habré disculpado con ella para nada.
—¡Mamá!
Otilia entrecerró los ojos. Ella tampoco creía que Isabella pudiera lograrlo. No era una superheroína, ¿qué la hacía tan especial?
Isabella los tuvo en ascuas un rato más y luego sacó su celular para llamar a Emilio.
El teléfono que todo el equipo del Grupo Triunfo había intentado contactar sin éxito durante todo el día, a Isabella le contestó al segundo timbrazo.
—¿Es por lo de la propuesta de diseño? Podemos modificarla.
—Tampoco es para decir que es basura, ¿o sí?
—Dennos otra oportunidad, ¿de acuerdo?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...