Sabía que se estaba muriendo. La impotencia lo consumía, pero ¿quién vendría a salvarlo?
En ese preciso instante, la puerta principal se abrió de golpe y alguien entró corriendo.
Con su último esfuerzo, miró hacia allá y vio a… Isabella.
En realidad, Isabella venía detrás; quien había derribado la puerta era Camilo.
Ella había convencido a Camilo de ir, y aunque iban preparados para lo peor, la escena los dejó en shock.
Camilo corrió a auxiliar a su padre, mientras Isabella se lanzaba sobre Ivana y le arrebataba el frasco de medicinas.
Se lo aventó a Camilo y, de una patada, tiró al suelo a Ivana que intentaba recuperarlo.
Ivana la miró con ojos inyectados en sangre.
—¡Isabella! ¡Otra vez tú arruinándome todo!
Isabella soltó un bufido.
—¡Estúpida!
Primero atentaron contra Rafael y ahora contra Julen, ¿de verdad creían que nadie se daría cuenta? Ilusas, pensaban que todos eran tan idiotas como ellas.
Pero al ver el estado de Ivana, estaba claro que eran patadas de ahogado; no tenían otra salida.
Adriana se quedó pasmada un momento, reaccionó y se tiró al suelo junto a Julen.
—¡Abuelo, perdóname! Estaba confundida, ¡te juro que no quería hacerte daño!
Camilo la empujó lejos.
—Guárdate tus palabras para cuando tu abuelo despierte.
Isabella ayudó a Camilo a llevar a Julen al hospital. Después de las maniobras de resucitación, por fin quedó fuera de peligro.
Camilo no tenía más que gratitud hacia Isabella.
—Si no me hubieras insistido en ir a la mansión, esas mujeres habrían matado a mi papá.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...