El juego de adivinanzas había sido adentro; ahora la maestra organizó uno al aire libre.
Arrancar la cola.
Se le metía una tira de tela en la cintura del pantalón al niño, y el padre lo cargaba en la espalda. El objetivo era arrancar la cola de los demás protegiendo la propia. Ganaba quien juntara más colas.
Esta vez no hubo grupos, era una batalla campal de todos contra todos.
Carlota se metió la tira de tela con mucho cuidado en el pantalón, temerosa de que se le cayera. La ajustó varias veces antes de darle una palmada a Víctor para que se agachara y ella pudiera subirse.
Víctor cooperó agachándose, y cuando la gordita se subió, fingió irse de boca hacia adelante, asustando a la pequeña, que se aferró a su cuello.
—¿Peso mucho? —preguntó Carlota apenada.
Víctor iba a hacerle una broma, pero al ver la culpa en su carita, cambió lo que iba a decir:
—¿Cuánto vas a pesar? No pesas más que el perro de mi casa.
—Peso treinta kilos —dijo Carlota con seriedad.
—¿Ves? Te dije que no pesas más que mi perro. Él pesa treinta y medio.
Carlota frunció el ceño al procesar el comentario.
—¿Por qué me comparas con un perro?
Víctor se rio.
—Porque eres más lista que el perro.
Carlota resopló.
—¡No quiero ser más lista que un perro!
Por el lado de Facundo y Rocío, él no quería participar en un juego tan infantil, pero Rocío insistió y no lo dejó en paz. A Facundo realmente le molestaba cuidar niños; después de cuidar a Rocío unas cuantas veces, se le habían quitado las ganas de tener hijos.
En ese momento vio hacia donde estaba Víctor. Lo vio cargando a Carlota, platicando y riendo; cualquiera que los viera diría que eran un padre y una hija muy unidos.
¿Padre e hija?
La mirada de Facundo se oscureció. ¿Desde cuándo se conocían Víctor y Floriana? ¿Y a tal grado de confianza?
No pudo evitar pensar en aquella noche de hace seis años, cuando Floriana le fue infiel. Cuando él llegó al hotel, aquel hombre que escapó en medio de la confusión...
La maestra hizo sonar el silbato y el juego comenzó.
Víctor acomodó a Carlota con un saltito para que se agarrara bien.
—¿Quieres venganza? —le preguntó girando la cabeza hacia atrás, pero con la vista fija en Facundo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...