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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 669

Jairo no aceptó el vaso y, sin hacerle caso a Isabella, la esquivó para subir las escaleras.

Isabella respiró hondo, forzó la sonrisa y corrió tras él hasta la recámara, donde lo encontró quitándose la ropa.

Se dio la vuelta fingiendo pudor.

—La verdad es que quería contarte algo.

—Habla.

Isabella ordenó sus ideas y le contó a Jairo lo de Floriana y Víctor hace seis años.

Al terminar, esperó un rato sin obtener respuesta. Volteó y vio que él miraba su celular.

Se asomó para ver: era un mensaje de Facundo.

«Jairo, no me detengas, ¡voy a matar a Víctor!»

—Bueno, la culpa no es toda de Floriana y Víctor, Facundo también tiene su parte, él...

No terminó de hablar cuando vio que Jairo respondía:

«Hazlo limpio y rápido, no me causes problemas.»

Isabella se quedó muda.

Jairo aventó el celular a la mesa y al ver que Isabella seguía ahí, frunció el ceño.

—¿Algo más?

—Tal vez necesito un favorcito.

Jairo soltó una risita y se recargó en la mesita de noche, desabrochándose la camisa mientras observaba a Isabella. Sonreía, pero sus ojos eran puro hielo.

Conforme se soltaba los botones, su pecho quedaba al descubierto...

Isabella levantó la vista rápidamente.

—Hoy vi a Facundo como loco diciendo que iba a matar a Víctor. No es que me importe Víctor, pero me da miedo que Facundo se vaya contra Floriana. Te quería pedir que hables con él para que deje en paz a Floriana.

Ella conocía el trasfondo de Facundo; desaparecer a alguien no era difícil para él.

Víctor tenía el respaldo de la familia Crespo, pero Floriana no tenía a nadie, así que Isabella necesitaba conseguirle un escudo.

—¿Y eso es un favorcito? —Jairo arqueó una ceja.

—Claro que solo contigo... Digo, es que ya no tengo otra opción.

Jairo no dijo ni sí ni no, y caminó hacia el baño.

Isabella sabía que él estaba harto de ella, así que lo siguió diciendo:

—Perdón, acordamos no molestarnos, pero sigo pidiéndote ayuda, yo...

¡Pum!

Le cerró la puerta en la cara sin piedad antes de que terminara la frase.

Isabella le lanzó puñetazos y patadas al aire frente a la puerta, pero no se atrevió a provocarlo más y salió de puntitas.

Al salir de la recámara principal, pensaba irse, pero Samuel salió diciendo que no podía dormir. Fue al cuarto de los niños a acostarse un rato con él y, cuando Samuel se durmió, bajó las escaleras.

Vio que Jairo ya se había bañado y estaba en la cocina con bata de dormir.

—Ya me voy, mañana vengo a llevarlos a la escuela —le dijo desde la puerta de la cocina.

Jairo la ignoró. Isabella se dio la vuelta sintiéndose incómoda, pero al llegar a la entrada, se regresó. No le gustaba estar así; estaban divorciados, pero tenían dos hijos en común. Aunque no hubiera amor, podían llevar la fiesta en paz.

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