Jairo no aceptó el vaso y, sin hacerle caso a Isabella, la esquivó para subir las escaleras.
Isabella respiró hondo, forzó la sonrisa y corrió tras él hasta la recámara, donde lo encontró quitándose la ropa.
Se dio la vuelta fingiendo pudor.
—La verdad es que quería contarte algo.
—Habla.
Isabella ordenó sus ideas y le contó a Jairo lo de Floriana y Víctor hace seis años.
Al terminar, esperó un rato sin obtener respuesta. Volteó y vio que él miraba su celular.
Se asomó para ver: era un mensaje de Facundo.
«Jairo, no me detengas, ¡voy a matar a Víctor!»
—Bueno, la culpa no es toda de Floriana y Víctor, Facundo también tiene su parte, él...
No terminó de hablar cuando vio que Jairo respondía:
«Hazlo limpio y rápido, no me causes problemas.»
Isabella se quedó muda.
Jairo aventó el celular a la mesa y al ver que Isabella seguía ahí, frunció el ceño.
—¿Algo más?
—Tal vez necesito un favorcito.
Jairo soltó una risita y se recargó en la mesita de noche, desabrochándose la camisa mientras observaba a Isabella. Sonreía, pero sus ojos eran puro hielo.
Conforme se soltaba los botones, su pecho quedaba al descubierto...
Isabella levantó la vista rápidamente.
—Hoy vi a Facundo como loco diciendo que iba a matar a Víctor. No es que me importe Víctor, pero me da miedo que Facundo se vaya contra Floriana. Te quería pedir que hables con él para que deje en paz a Floriana.
Ella conocía el trasfondo de Facundo; desaparecer a alguien no era difícil para él.
Víctor tenía el respaldo de la familia Crespo, pero Floriana no tenía a nadie, así que Isabella necesitaba conseguirle un escudo.
—¿Y eso es un favorcito? —Jairo arqueó una ceja.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...