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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 670

—Sé que te molesta verme. Si de verdad te estoy estorbando, Samuel y yo podemos regresarnos al pueblo.

El asunto de la familia Méndez ya estaba resuelto y Floriana tenía trabajo en la filmación, así que ella podía llevarse a Samuel de regreso sin problema.

Al oír eso, Jairo volteó y le lanzó una mirada helada.

—Prohibido salir de Nublario.

—¿Qué quieres decir?

—Dije que no y punto.

—Si tanto te molesta verme, ¿no estarías más feliz si me largo lejos?

Él dejó de hablar y se concentró en cocinar su pasta. Pronto estuvo lista; sirvió dos platos, uno para él y puso el otro a un lado.

¿Qué significaba eso? ¿Era para ella?

Isabella ya no entendía a Jairo. La odiaba y la trataba mal, pero la ayudaba y la cuidaba.

Ella no era malagradecida; si le daban una oportunidad, la tomaba. Se sentó a la mesa, acercó el plato y probó un bocado.

—Te queda igual de rica que antes —lo elogió.

—Ese plato era para el perro —dijo él.

Isabella casi se atraganta.

—¿Cuál perro? Aquí no hay perro.

Jairo la miró de reojo, e Isabella casi escupe la comida.

Estos días, Isabella no había comido ni dormido bien. Ahora que Rafael había despertado, sentía un gran alivio. Ese plato de pasta era lo más rico y reconfortante que había probado en mucho tiempo.

Al terminar, ella recogió los platos y los lavó.

Aunque había empleados domésticos y bastaba una llamada para que le trajeran comida, Jairo solía llegar tarde y, para no complicarse, se preparaba algo rápido. Antes, también le cocinaba a ella y la hacía acompañarlo.

—Yo intentaba ayudarte, pero tú no necesitabas mi ayuda. Mi presencia te impedía superar tus traumas, ¿de qué servía que me quedara?

Jairo soltó una risa amarga.

—¿Quién dice que no me ayudabas? Fue por ti que intenté salir de esa cárcel mental, que quise sentir que la vida valía la pena.

Isabella se quedó paralizada. ¿Era cierto?

—En ese entonces, ya había planeado devolverle la empresa al abuelo y llevarte a vivir al extranjero, dejar todo el pasado atrás.

—No me dijiste nada...

—Busqué muchos lugares, pensé que Squamish te gustaría. Ya tenía fecha para llevarte a ver si te agradaba.

Isabella recordó que, en esa época, él había mencionado un viaje al extranjero.

—Así que, Isabella, pensé en renunciar a todo, menos a ti.

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