—Sé que te molesta verme. Si de verdad te estoy estorbando, Samuel y yo podemos regresarnos al pueblo.
El asunto de la familia Méndez ya estaba resuelto y Floriana tenía trabajo en la filmación, así que ella podía llevarse a Samuel de regreso sin problema.
Al oír eso, Jairo volteó y le lanzó una mirada helada.
—Prohibido salir de Nublario.
—¿Qué quieres decir?
—Dije que no y punto.
—Si tanto te molesta verme, ¿no estarías más feliz si me largo lejos?
Él dejó de hablar y se concentró en cocinar su pasta. Pronto estuvo lista; sirvió dos platos, uno para él y puso el otro a un lado.
¿Qué significaba eso? ¿Era para ella?
Isabella ya no entendía a Jairo. La odiaba y la trataba mal, pero la ayudaba y la cuidaba.
Ella no era malagradecida; si le daban una oportunidad, la tomaba. Se sentó a la mesa, acercó el plato y probó un bocado.
—Te queda igual de rica que antes —lo elogió.
—Ese plato era para el perro —dijo él.
Isabella casi se atraganta.
—¿Cuál perro? Aquí no hay perro.
Jairo la miró de reojo, e Isabella casi escupe la comida.
Estos días, Isabella no había comido ni dormido bien. Ahora que Rafael había despertado, sentía un gran alivio. Ese plato de pasta era lo más rico y reconfortante que había probado en mucho tiempo.
Al terminar, ella recogió los platos y los lavó.
Aunque había empleados domésticos y bastaba una llamada para que le trajeran comida, Jairo solía llegar tarde y, para no complicarse, se preparaba algo rápido. Antes, también le cocinaba a ella y la hacía acompañarlo.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...