Floriana apretó los dientes con fuerza; sabía que había sido Esther.
—¿Y luego? Haces que Facundo expulse a mi hija, ¿qué más planeas hacer contra nosotras?
Esther entornó los ojos.
—Lo siguiente será arruinar tu reputación para que te veten de nuevo del medio artístico.
—¿Algo más?
—¡Voy a hacer que las echen de la ciudad!
—Así que, en realidad, tienes mucho miedo.
Esther soltó una risa burlona.
—¿Yo, miedo? ¿Miedo de ti?
Floriana agarró a Esther por el cuello de la ropa y se acercó a ella.
—¿Acaso olvidaste lo que hiciste hace años?
Al escuchar esto, el rostro de Esther cambió de color.
—Yo no hice nada.
—¿Y si se lo cuento a Facundo?
—¡No te atreverías!
—¿Por qué no? ¿No fuiste tú quien me orilló a esto?
—...
Esther realmente temía que Floriana hablara, pero luego lo pensó mejor y se relajó un poco.
—¡Facundo no te creerá!
—No necesita creerme. Con que tenga una mínima duda, estás acabada.
—¡Lárgate! ¡Vete de aquí ahora mismo! —gritó Esther, presa del pánico.
Floriana soltó una risa fría.
—Recuerdo que tú y Facundo aún no se han casado. Todavía no eres la dueña de esta casa, ¿o sí?
—¡Floriana!
En ese momento, Facundo bajó las escaleras. Al ver a Floriana, sintió un nerviosismo inesperado, pero para que no se notara, fingió indiferencia.
—Jum, por fin sabes a quién debes rogarle.
Mientras hablaba, se sentó en el sofá. Cuando Floriana se acercó furiosa, él dejó la tableta y el celular sobre la mesa.
—Alguien dice que tu hija es casi idéntica a mí cuando era niño. Ven a ver, ¿se parece?
El corazón de Floriana dio un vuelco al escuchar eso.
Pero quien estaba más asustada que Floriana era Esther, que corrió hacia ellos diciendo:
—¿Quién está tan ciego? ¡No se parecen en nada!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...