Frente a la lápida de Óscar, Marcela, aun viéndola con sus propios ojos, se negaba a creerlo.
—Osqui solo está enojado conmigo, se fue de la casa, ¿por qué iba a estar aquí?
—Seguro se equivocaron, ¿cómo es posible que él…?
—¡No lo creo, esto no es real, absolutamente no!
Marcela miraba la lápida con terror en el rostro. Retrocedió paso a paso hasta que tropezó y cayó sentada en el suelo.
—¡Jairo, dímelo, dime que todo esto es mentira!
Marcela miraba a su alrededor con pánico.
—¡Debo estar soñando, todos ustedes están en mi sueño! Sí, eso es, estoy soñando. Mi hijo no ha muerto, mi hijo está vivo y bien, solo que no quiere verme, sigue enojado conmigo…
Jairo no fue a consolar a Marcela. En su lugar, se puso en cuclillas frente a la tumba y acarició la foto de Óscar con la mano. Pasó un largo rato antes de que hablara.
—Hace seis años, a Óscar lo engañaron para ir a Valenciora. Cuando lo encontramos, ya no estaba.
—No, no, no lo creo.
—No sufrió mucho…
—¡Mi hijo no puede estar muerto!
—Después lo traje de vuelta, pero no te lo dije.
—¡Osqui, dónde estás, no asustes a mamá! Mamá se equivocó, te ruego que me des otra oportunidad, ¡esta vez te querré bien!
Marcela juntó las manos, suplicando impotente, pero ya no tenía oportunidad.
Isabella, al ver que la mirada de Marcela se volvía errática, se acercó para intentar calmarla, pero Marcela le agarró la muñeca con fuerza.
—¡Dilo tú! ¡Di que Jairo me está mintiendo!
Isabella suspiró.
—Usted dijo que le quedaba poco tiempo y que su único deseo era encontrar a Óscar.
—¡Pero él no puede estar aquí!
—Pero está aquí.
Marcela empujó a Isabella con violencia.
—¡Tú… todos ustedes me están mintiendo!


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...