—¡Mientes! ¡Seguro te acostaste con él!
—¡Gabriel, yo no soy como tú!
—¿Qué quieres decir? ¿Estás dudando de mí?
—… —«¿Dudar? Si es un hecho».
—Yo te soy completamente fiel.
—Ja.
Esa expresión de burla enfureció a Gabriel. Culpable como estaba, tiró del tirante del vestido de Isabella y lo estiró con fuerza.
—¿Por qué tienes la ropa rota? ¡Seguro ese hombre no pudo aguantarse! Y tú, a ti te gustó, ¿verdad? O a lo mejor fuiste tú la que se le ofreció, la que se regaló para que jugara contigo, eres una…
¡Zas!
Isabella concentró toda su furia en una bofetada que le dio a Gabriel con todas sus fuerzas.
—¡Infame!
El golpe pareció devolverle algo de cordura a Gabriel. Miró el tirante que había estirado y soltó a Isabella, desconcertado.
—Yo… es que te amo demasiado. No debiste pelear conmigo, ¡me heriste!
—¡Quítate de en medio!
Isabella lo empujó, recogió el saco y su bolso del suelo y se dirigió a su casa.
—Esta noche viste a muchos de esos “hombres exitosos”. ¿Será que ya no te parezco suficiente, que crees que soy un inútil? —le gritó Gabriel, persiguiéndola.
Que Gabriel no era competente no era algo que hubiera descubierto esa noche; lo sabía desde siempre.
—¡Si antes parecía mediocre era para que no sintieras que no estabas a mi altura!
Isabella soltó una risa fría. ¿Cómo podía decir una excusa tan ridícula?
—¡Isabella! —le gritó Gabriel, desesperado—. ¡Te voy a demostrar lo que valgo! Me haré cargo personalmente del proyecto de Grupo Domínguez, y lo sacaré adelante. Y cuando lo haga…
«¿Cuando lo hagas, qué?».
A Isabella le dio curiosidad, así que se giró para mirarlo.
Gabriel apretó los dientes.
—¡Me divorciaré de ti!
Isabella asintió.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...