—Te marcó alguien hace rato —dijo él, soltando un resoplido.
Hasta entonces Isabella se dio cuenta de que su celular estaba en la mano de Jairo. Frunció el ceño.
—¿Quién me marcó como para que te pongas así?
—Uno que dijo llamarse Nico.
—¿Nico? —Isabella lo pensó—. Yo no conozco a ningún “Nico”.
—¿Ah, no? —Jairo asintió y devolvió la llamada.
No sonó ni un timbrazo completo cuando del otro lado contestaron, ansiosos.
—Señorita, ¿no quedamos en que hoy yo iba a ser su guía y la iba a pasear por Luminosa? Pero le marco y me contesta un hombre… ¿no me diga que ya se fijó en otro? Entonces, ¿yo qué soy?
La voz era de un hombre, exageradamente afectada.
A Isabella casi le da algo de la pura pena y el coraje. Y al ver a Jairo, se notaba que se le había enfriado la cara todavía más.
—¿De qué hablas? Yo nunca quedé contigo. ¡No inventes!
—Señorita, anoche hasta me dijo que yo era bien lindo… ¿y ahora se hace la que no me conoce? Ya me gustó usted. Así me lastima.
—Ay, no… tú sufre lo que quieras; a mí me das asco.
—¡Uy, qué mala!
El tipo colgó primero.
Ahí Isabella por fin se acordó: la noche anterior, cuando ella y Helena estaban tomando, un chavo vestido como universitario se les acercó a pedirles que le invitaran una copa.
Helena ya andaba pasada y dijo muy campante que ella invitaba. Todavía le pidió una botella buena al tipo. Pero Helena había dejado la cartera en el carro y al final Isabella terminó pagando.
El chavo seguramente la vio con dinero y luego se le pegó. Con la música del antro a todo volumen, él habló y habló; Isabella ni entendía bien. Para quitárselo de encima, solo asentía medio a lo tonto.
Y así terminó todo en ese “Nico”.
Isabella le explicó a Jairo todo, con detalle, de principio a fin. Pero él seguía con la cara dura.
Isabella, ya fastidiada, se le sentó en las piernas, lo abrazó del cuello y le reclamó:
—¡No puedo creer que no me creas!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...