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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 751

Víctor presumía de ser bueno en las cartas, y no era pura palabrería. Una vez que los otros tres no pudieron hacer trampa, comenzó a ganar una partida tras otra. Muy pronto recuperó todos los pagarés que había firmado.

—Señor Víctor, dejémoslo aquí, ya recuperó todo lo que nos había perdido —dijo uno con cara de sufrimiento.

Víctor arqueó una ceja.

—No, creo que todavía me faltan unos veinte millones.

Los tres se miraron entre sí. Antes habían visto a Víctor firmar los pagarés sin mirar, creyendo que no tenía ni idea de cuánto perdía, pero resultó que llevaba la cuenta exacta. No podían engañarlo.

Si seguían jugando, iban a perder.

Cuando finalmente sacaron todos los pagarés de sus bolsillos, Víctor torció la boca e insistió en que todavía le debían veinte millones en efectivo.

—¡De verdad ya no tenemos!

—Señor Crespo, denos una oportunidad, por favor. Usted puede permitirse perder, pero nosotros no.

Víctor soltó un bufido.

—¿O sea que desperdicié dos días y dos noches con ustedes a lo pendejo? ¿Esta cuenta no se va a saldar?

—¿Qué lógica es esa?

—¡Es mi lógica y se aguantan!

Fabián tiró las cartas y se levantó para irse, pero Víctor le soltó una patada que lo obligó a sentarse de nuevo.

Fabián no era de los que se dejaban humillar, así que se levantó de inmediato dispuesto a devolver el golpe.

—Joven amo, su padre acaba de llamar. Dice que por nada del mundo moleste al señor Crespo ni al señor Víctor. Nuestra empresa de alimentos está licitando para ser proveedora exclusiva de la fábrica de autos Crespo —el mayordomo corrió hacia él tras colgar el teléfono y, al ver que Fabián iba a pelear, lo detuvo a toda prisa.

Fabián apretó los puños una y otra vez, pero al final no se atrevió a golpear.

Solía ser muy arrogante gracias al dinero de su familia, pero eso era con otros. La familia Crespo estaba en una liga que ni él ni la familia Márquez podían tocar.

Fabián se sentó con la cara larga. Al ver que los otros dos seguían de pie, les gritó de mala gana:

—¡Sigan jugando! Si el señor Víctor no dice que paremos, ¡nadie para!

Los otros dos sabían que Víctor era peligroso, especialmente con Jairo ahí de respaldo, así que descargaron su frustración contra Fabián.

Jairo entornó los ojos. Al ver que Víctor no se movía, les hizo una seña a los otros tres con la barbilla.

Los tres tiraron las cartas al instante, se levantaron y salieron corriendo.

Al ver que se escapaban, la furia de Víctor estalló.

—Jairo, hijo de tu...

No terminó la frase porque un puñetazo voló hacia él. No pudo esquivarlo y lo recibió de lleno.

Dolía, ardía como el demonio.

Víctor no iba a quedarse así, apretó el puño y contraatacó, pero Jairo lo esquivó con facilidad y le propinó una patada. Fue una patada brutal que mandó a Víctor a estrellarse contra la mesa de juego.

Víctor hizo una mueca de dolor, pero su ira se desbordó.

—¡Jairo, soy tu hermano mayor, no tu perro, cabrón!

Se lanzó sobre él rechinando los dientes, confiado en que con su habilidad podría hacer que Jairo pidiera perdón de rodillas, pero olvidó que llevaba dos días sin dormir y estaba físicamente agotado.

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