—¿Ni una sola?
—Es temporada alta y además es fin de semana, así que está todo reservado.
Isabella suspiró.
—Supongo que tendré que buscar en otro hotel.
—Me temo que en los otros hoteles tampoco encontrará nada.
Tenía que intentarlo, si no, ¿dónde iba a dormir esa noche?
Con la esperanza de encontrar una habitación de última hora, Isabella recorrió todos los hoteles de la isla, pero, sorprendentemente, no quedaba ni una sola habitación libre.
Regresó al primer hotel y se sentó en una banca afuera, sin saber qué hacer.
En ese momento, Gabriel le envió un mensaje: [La otra mitad de mi cama está vacía. Te la puedo guardar.]
Isabella apretó los dientes. Primero le cancelaba la reserva, obligándola a quedarse sin opciones para que fuera a su habitación. Y una vez allí… ¡era obvio lo que pasaría!
¡Qué rastrero!
Isabella no podía tragarse esa ofensa. Se levantó y se dirigió a la entrada del hotel. Justo en ese momento, vio a lo lejos a Gabriel y Otilia saliendo juntos. Hablaban animadamente y no la vieron.
Isabella se apresuró para alcanzarlos. Estaba a punto de llamarlos cuando dos empleadas de limpieza salieron por una puerta lateral y se pararon justo delante de ella.
—¡Oye, son ellos dos! —dijo una, señalando a Gabriel y Otilia.
La otra se asomó para ver.
—¿Estás segura?



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...