CAPÍTULO 19
No puedo negar que las palabras de mi abuelo me llenaron el alma. Hasta hace pocos días pensaba que era una vergüenza para él, pero ahora sé que es todo lo contrario. Me cree fuerte. Decidida. Capaz y sobre todo sabe que daría cualquier cosa por mi propia sangre. Organizo algunas carpetas antes de salir a la mansión en donde vive el magnate italiano. Han sido unas semanas con mucho trabajo y de solo pensar que falta tan poco para el lanzamiento del nuevo producto de nuestra compañía, me vuelvo histérica.
Espero el próximo año volver a la universidad ahora entiendo que todo lo que hice estuvo muy mal pero de cierto modo no me arrepiento de algo. Mi apellido se respeta. Muevo las pestañas de arriba hacia abajo al ver a la mujer que me trajo a este mundo de pie bajo el marco de la puerta. Para Mía Smirnov los años no le pasan encima. Sigue siendo la misma mujer dulce y delicada que me guió cuando tan solo era una niña. Fue quien me dio su amor cuando creía que no era igual a ninguna de las personas que estaban a mi alrededor. Fue quien me hizo ver que mi enfermedad no se enfrenta. Se convive con ella.
—¿Cómo está mi dulce niña?—sonrío al escuchar su voz—Traje pastel de canela que tanto te gusta ¿Estás ocupada, cariño?—niego y le hago un mohín para que pase adentro de mi oficina.
—Para ti siempre tengo tiempo, mamá. ¿Dónde está Akim?
—Aún en Rusia, esta mañana me llamó para decirme que cuando vuelva del viaje necesita decirte algunas cosas importantes—levanto la mano—Pero no me preguntes que es, porque no lo sé. Sabes como es tu padre de misterioso. Sabrá Dios que quiere ahora ese viejo…
Me atraganto con un pedazo de torta. Mía me da algunas palmadas sobre la espalda para que pueda respirar mejor.—Pero así lo amas ¿Verdad?—miro la hora en mi reloj de pulsera. Son casi las doce del medio día—Digo...—titubeo un poco—¿Cómo te diste cuenta que amabas a papá?
Mía ve sus manos y una sonrisa dulce se dibuja en sus labios que forman una línea recta—Cuando vi a tu padre por primera vez tenía un año menos que tú. Él era imponente, todas las chicas de Hilton querían con él pero yo tenía una relación con otro hombre. Una que sólo me trajo lágrimas y dolor; pero Akim me salvó de todas las formas en que una persona te puede salvar. Lo supe el día en que miré sus ojos grises tirada en el suelo llena de mi propia sangre y mi corazón empezó a latir con tantas fuerzas que la idea de morir se hizo presente y la única persona en que pensé en ese mismo instante fue solo en tu padre.
—Entonces… Jamás amé a Thomas o a Liam…—saco mi propia conclusión; nunca sentí con ellos nada de lo que mamá me habla. Es que ni siquiera con Sergei recuerdo sentirme de esa forma. Quizás para mí sea imposible amar a alguien y si es así no creo que nadie logre amarme de igual forma. Tal vez mi destino es quedarme sola y vagar en este mundo lleno de agonía. Ver que Sandara ama a Gabriel y tiene una vida juntos me convierte en la peor hermana del mundo. La envidio. Envidio a mi gemela por tener la capacidad de tener amor.
—Quizás ames a Sergei.—escupo lo que tenía en la boca—Cuando llegaste de tu viaje tu ropa desprendía perfume de hombre…—se acomoda en su asiento y yo solo estoy estática delante de ella—Al principio creí que era de Liam ¡Pero vamos! Ese niño no podría usar algo así. Pero el día en donde Sergei llegó por primera vez a la compañía supe que era él. Claro, no tenía pruebas hasta que los vi el día de la fiesta de tu tía Artemisa.
—Mamá, yo te puedo explicar…—inquiero con mis manos temblando. Mía se levanta de su silla para echarla con uno de sus pies hacia un lado, mamá coloca ambas manos sobre sus caderas y niega.
—Quince años son demasiado y si tu padre se entera no sé qué podría pasar… Pero… Vi como te colocó detrás de él, el día que Gabriel Ford secuestró a tu hermana. Ese día supe que Sergei era el indicando para ti. Porque sé que te va a cuidar y te va a guiar cuando yo ya no esté.
—No sé qué es lo que siento por él…—sollozo sobre sus hombros. El cuerpo de mamá de siente cálido.
—Quizás pronto lo sepas, hija mía.
—¿Le dirás a papá de esto?—besa mi frente.
—No puedo contarle nada si no he visto nada…—ambas soltamos a reír a carcajadas. Mamá es mi lugar seguro en el mundo y sé que cuando me sienta derrotada puedo volver a ella siempre.
(***)
He decido aceptar la invitación para almorzar de Thomas porque creo que tengo algunas cosas importantes que hablar con él. El español toma mi mano y me le quedo viendo al notar su intención de entrelazarlas pero con algo de disimulo se la arrebato.—¿Te gusta este lugar?—tira del espaldar de la silla para que me siente en ella. El pelinegro levanta la mano para llamar a un mesero.
—Es hermoso ¿Cuál es la especialidad de la casa?—huelo la copa de vino que me acaban de servir.
—Comida italiana…—devuelvo el líquido en el vaso—Dara…—ese tono de voz no me gusta para nada—No vine a España de nuevo para andar jugando al mejor amigo contigo. Sabes que te quiero y jamás he dejado de quererte. Nena, haz sido la única mujer en mi vida y si me das la oportunidad yo podría…
—No.—respondo tajante.
Me encorvo de hombros por un momento. La mansión es moderna, hay muebles que contractan a la perfección con las paredes y la decoración digna de un Russo—Prácticamente yo fui la que ataque…
—¿Qué hiciste ahora?—el rubio camina hasta llegar al primer escalón que da hacia el segundo piso.
Conste que no quería decirlo—Mordí a Thomas—y sabía que se iba a detener. Los ojos de Sergei se vuelven oscuros, tanto que hasta a mí me ha dado miedo.
Camina como alma que lleva el diablo—Voy a ir a buscar a ese hijo de puta—apunta con el dedo índice—¿Te tocó?—niego asustada por primera vez en mi vida—Dara, será mejor que me olvide de esto así que de ti depende que no vaya a buscar a ese gilipollas y le corte la garganta por tocar algo que es mío. Así que mueve tu lindo culo y acompáñame a un lugar antes que salga pero a matarlo.
—Miguel dijo…—le alzo los papeles.
—Miguel puede decir misa, tú ahora eres mía…
—¿A dónde me vas a llevar?
Esa sonrisa de nuevo—A un lugar en donde gritaras tan fuerte mi nombre que nadie jamás podrá escucharte.
Me tiembla hasta el alma—¿En donde es eso?
Me agarra de las nalgas para besarme con profundidad—Voy a hacerte el amor en altamar…

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