CAPÍTULO 20
SERGEI RUSSO
Le doy un sorbo al whisky en las rocas que me estoy tomando. No puedo creer que Jessica se haya tomado esas atribuciones cuando perfectamente al terminar le dije que no había más oportunidades para nosotros dos. Mi hermana mayor, Sara que prácticamente es un dolor en el culo me observa desde una de las esquinas de la oficina que tengo en casa. Si Alex es un fastidio, ella es mil veces peor que eso.
—Deja de mirarme así. Te hemos dado la solución. Kelvin Clark es nuestro accionista mayoritario ¿Cómo le vamos a explicar lo que esa pequeña revoltosa de la Smirnov le hizo eso?
Dejo el vaso a un lado; hasta de esto se me quitaron las ganas—Si tanto te gusta Jessica presentársela a tu marido de todas formas tu matrimonio es tan falso como esas tetas que te cargas…—bajo la cabeza al notar como intenta tirarme uno de sus zapatos—Por eso ni tu esposo te soporta. Por loca.
Sara aprieta el bolso que sostiene con sus delgadas y pequeñas manos—¡Eres un estúpido! No sé porque defiendes a esa lunática de Dara Smirnov, Jess es mil veces mejor. Es guapa y tiene muy buen cuerpo como te gustan. Es fina y sobre todo la sociedad española la ama.
Chasqueo la lengua mientras que me burlo de mi hermana—Solo falta que te la folles. Ya te dije que no voy a volver con Clark. Punto.—Sara abre los ojos cuando tiro de su brazo para levantarla de donde está cómodamente y así poder echarla de mi casa. Nunca antes hice lo que se me pidió y mucho menos ahora lo voy a hacer. La rubia grita que la suelte y solo lo hago cuando por fin se larga de mi prioridad. Entro a la casa dispuesto a buscar a Dara y así poder llevarla al Rompe Tormentas e impedir que se mueva de allí hasta que acepte de una maldita vez que es mía.
Ruedo los ojos sin poder creer lo que está sucediendo. El timbre de mi puerta está sonando de nuevo y quiero matar a Sara Russo por volver a joderme la vida pero termino llevándome una sorpresa a mi a mi chica de ojos verdosos escurridiza delante de mí. Haz venido a la boca de papá, mi amor.
—¿Qué haces aquí?—la toml del brazo para adentrarla a la mansión. Le echo un vistazo alrededor al recordar que Sara puede seguir cerca de la propiedad y si ella abre la boca; Dara y yo estamos fritos. Cierro la puerta apenas mi pequeña entra.
—Mi abuelo me mandó para que firmaras esto.—San Miguel te diré de ahora en adelante. Me quiero reír pero me aguanto como el hombre que soy.
Ella me da la carpeta con los documentos y solo los observo en sus manos por un segundo. Esas mejillas rojas me prende como no tiene ni idea, mis manos tocan su delicado y perfecto rostro y en un momento para otro una corriente eléctrica recorre todo su cuerpo al sentir como mis dedos se deslizan sobre sus labios—¿Por qué tienes sangre en la boca? ¡¿Qué te ha pasado, Dara?!—cuestiono notoriamente alterado al no saber que le ha sucedido. Si alguien se atrevió a tocarla juro que lo voy a matar con mis propias manos. Lo juro.
Dara encorva de hombros por un momento. Sus ojos recorren todo el lugar con algo de fascinación.—Prácticamente yo fui la que ataque…
—¿Qué hiciste ahora?—pregunto dándole la espalda y caminando hacia el primer escalón que da hacia el segundo piso de la propiedad. Dara está en silencio y sigue sin decir nada. La miro de soslayo para motivarla a hablar.
Sus ojos se cierran, creo que está luchando con sus convicciones para saber si debe decirme o no. Esto es realmente malo.—Mordí a Thomas—dejo de moverme y creo que hasta respirar. Ese hijo de puta ha dejado capaz de tocarla. Le voy a cortar las manos y de paso le sacaré los ojos para que nunca más pueda ni verla ni sentirla. Mi respiración es agitada; tanto que siento que estoy quedando sin aliento.
—Voy a ir a buscar a ese hijo de puta—apunto con el dedo índice porque es lo único que se me viene a la mente ahora mismo—¿Te tocó?—tengo tanto miedo de su respuesta pero respiro al ver como niega con la cabeza asustada.—Dara, será mejor que me olvide de esto así que de ti depende que no vaya a buscar a ese gilipollas y le corte la garganta por tocar algo que es mío. Así que mueve tu lindo culo y acompáñame a un lugar antes que salga pero a matarlo.—y estoy hablando enserio.
—Miguel dijo…—me alza los papeles.
—Miguel puede decir misa, tú ahora eres mía…—no me importa nada ahora mismo. Ni su abuelo. Ni la empresa. Ni mi hoteles. Ni mi familia.
—¿A dónde me vas a llevar?—a arder juntos cielo mío.
Le sonrío mostrando dientes—A un lugar en donde gritaras tan fuerte mi nombre que nadie jamás podrá escucharte.
Le tiembla la voz—¿En donde es eso?
—Ahmmm… Ahmmm…—gime llenándome de orgullo. Sus manos se entierran en las hebras rubias de cabello. Mi lengua traza círculos en sexo llenando mi boca por completo de sus fluidos. Mi mano sube y baja de mi polla que quiere invadirla por primera vez.
—Te amo…—lo digo por fin…
—Yo…—espeta dudosa haciendo el intento de levantarse pero la tomo de los hombros para volverla estrellar contra el colchón.
—No puedes huir… Sé que no me amas y está bien. Todo estará bien para mí si sigues a mi lado…—ella solo asiente con la cabeza. Mis manos de meten entren sus piernas para exponerla más hacia mí. Ubico la cabeza de mi polla en su cerrada vagina. El barco se mueve de un lado hacia otro. Esto será doloroso.
—Sergei…—acaricio y beso su frente.
—Me duele...—empujo mi cadera un poco más.—Me duele mucho.
Vuelvo a penetrarla, chupo uno de sus pezones retorciendola de placer debajo de mis brazos. Escucho lluvia afuera e ignoro lo que sucede. Abro las la distancia de cada uno de sus muslos y me hundo de nuevo. Me desplomo en su pecho aspirando su exquisito olor.
—¿Estás lista?—sus ojos me observan y capturo su rostro entre mis manos.
—¿Para que?—levanto y me dejo caer en medio de ella. Es deliciosa.
—Para dejar de ser virgen…

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