CAPÍTULO 21
Sé que he aceptado venir con él cuando en realidad pude haberle dicho que no. Mis brazos rodean su abdomen y sonrío porque estoy más que segura que Jessica nunca lo ha tenido así como lo tengo yo. Tan mío y solo mío. Sus ojos azules me observan a través del retrovisor de su moto mientras que la brisa de la noche nos cobija a ambos. Sergei parquea su moto en el muelle de Barceloneta ya que esta es una de las mejores playas en toda España y no era de esperarse menos del magnate; el yate es lujoso y este nos aguarda para partir a nuestro pequeño viaje. El rubio toma mi mano y con una sonrisa ladina me invita a pasar a su magnífica adquisición. Un hombre apuesto nos recibe.
—Bienvenido señor Russo, ¿Están listos para partir?—brinco asustada al lado del italiano al escuchar el sonido extraño que hacen las compuertas de la navegación.—No se preocupen por eso. Es normal este tipo de cosas.
Intenta calmarnos.
—Deseo mostrarte algo…—suelta Sergei tocando mi espalda baja; él me guía para que me suba en las escaleras que dan hacia la piscina artificial. Sus ojos azules se ven más profundos por el color del océano. Sus labios me llaman pero termino viendo hacia otro lado cuando se fija en lo que estoy haciendo. Mi corazón late con fuerza y debo beber un poco de agua para disipar el calor de mis mejillas. Estoy siendo demasiado notoria. Los movimientos de la embarcación empiezan a asustarme y mirar hacia la piscina que prácticamente si me meto allí me puede comer algún monstruo marino, no me está ayudando para nada.
—Le tengo miedo al mar… Ni loca me voy a meter allí…—el magnate niega mordiéndose el labio inferior. Lo miro con fijeza al notar como empieza a desvestirse de un instante a otro. La habitación es enorme y estoy más que segura que mi entrepierna lo desea tanto como él. Desde la primera vez que estuvimos juntos en el crucero de la venganza como le diría yo, Sergei no me volvió a tocar; o siendo sincera no recuerdo absolutamente nada de esa noche.
—Te dije que te haría el amor…—da un paso hacia mí y me agarra con fuerza al sentirme vibrar por lo que veo ante mis ojos—Me perteneces, pequeña. Me perteneces desde siempre y hoy quiero demostrarte todo lo que siento por ti…—me coloca con cuidado quizás intentando no asustarme sobre la cama. Sonríe porque estoy completamente quieta y dispuesta para él. Es que si quisiera moverme estoy segura que mis piernas no me lo permitirían. Sus dedos buscan mi piel. Quiere devorarme y consumirme entera. Cierro los ojos mientras que suelto un respiro largo y pausado.—Voy a deslizar tus bragas suavemente, seré delicado contigo…—tira mi ropa interior a un lado de la cama. Doy un salto cuando sus manos separan mis piernas y su boca se prende de mis labios vaginales.
—Ahmmm… Ahmmm…—gimo tan fuerte que hasta yo misma me sorprendo de lo osada que estoy siendo. Mis manos se entierran en las hebras rubias de su cabello. La lengua del italiano trazan círculos en mi sexo, llenando su boca por completo de todos mis fluidos. Mis ojos se entre abren al ver como se masturba sin descaro alguno delante de mí.
—Te amo…—lo dice de repente y quedó en el aire sin saber que responderle. No soy buena con este tipo de cosas.
—Yo…—espeto dudosa haciendo el intento de levantarme, pero me sujeta de los hombros para volverme a estrellar contra el colchón.
—No puedes huir… Sé que no me amas y está bien. Todo estará bien para mí si sigues a mi lado…—yo solo asiento con la cabeza. Sus manos se meten entren mis piernas para exponerlas más hacia él. Ubica la cabeza de su polla en mi humedecida vagina. El barco se mueve de un lado hacia otro asustándome un poco.
—Sergei…—acaricia y besa mi frente trasmitiéndome confianza.—Me duele...—empuja su cadera un poco más.—Me duele mucho.—el ardor es espantoso, es como si… Eso es imposible.
Vuelve a penetrarme, chupa uno de mis pezones retorciéndome de placer debajo de su maravilloso cuerpo. Me percato de la fuerte lluvia de afuera pero ambos ignoramos lo que sucede. Separa mis piernas de un lado hacia otro para poder hundirse en mi coño de nuevo. Sergei se desploma sobre mi pecho aspirando el aire agitadamente.
—¿Estás lista?—mis ojos lo observan. El italiano agarra mis mejillas con sus cálidas y enormes manos. No lo estoy entendiendo en absoluto.
—¿Para que?—el rubio se levanta y se deja caer en medio de mis piernas. Grito al sentir la invasión dolorosa en mi intimidad. No puede ser…
—Para dejar de ser virgen…—sube y baja su cadera abriéndose paso, los pliegues de mi vagina se abren para succionar su polla con fuerza—Ya sé lo que debes estar pensando…—gime mientras besa mi frente—No pude tomarte esa noche y siendo honesto no lo iba a hacer tampoco…—me folla con más fuerza, una lagrima de resbala por mi mejilla. Esto duele más de lo que pensé—Y no fue porque no me gustaras, joder, todo de ti es precioso. Pero estabas borracha y por lo que pude ver, dolida.
—Sergei… Me duele…—mascullo con pausa; sonríe arrugado la nariz.
—Lo sé mi amor bonito, estoy siendo cuidadoso con mi pequeña ¿Sabes que siento ahora?—me besa moviendo sus nalgas salvajemente. Arde y quema por dentro.—Que soy afortunado de tenerte. Que conté con la suerte de pagar ese crucero e irme cuando mi vida se estaba volviendo una mierda. Que te reconocí apenas te vi y amé que fueras tan salvaje…—su lengua lame mis pechos—Y sé que no me amas… Lo sé. Pero lo único que me importa es que yo a ti sí y mucho.
Arqueo una de mis cejas al verlo mirarme fijamente—¿Debo de saber algo que aún no sepa?
—Te conozco desde que tu hermana y tú nacieron, es más tengo una foto contigo cuando eras una pequeña y adorable bebé…
—¡Mentiroso!—me siento sobre la cama pero la cara de seriedad del italiano me hace darme cuenta que lo que dice es real—¿Por qué no te recuerdo?
—Cuando tenías nueve años, caíste en un lago congelado ¿Lo recuerdas? Tu padre había dicho que saliste corriendo cuando descubrieron que estabas rompiendo el diario de Sandara y sin querer caíste al agua.
—¿Cómo sabes todo esto?
—Tenías tanto miedo y tu nariz ya estaba azul, me quité las botas y sin dudarlo me tiré para salvarte. Cuando te saqué estabas viva pero inconsciente.—besa mi boca—Por eso no sabes de mí, después de eso me fui del país y no volví hasta hace cinco meses…—las luces del yate se apagan y se vuelven a prender de inmediato. El italiano me pide que me vista y termino golpeándome cuando la embarcación se mueve con violencia de un lado hacia el otro.
—Presentamos problemas, hemos perdido el una hélice, repito, hemos perdido una hélice por culpa de la tormenta. Señor, estoy intentando comunicarme con el puerto pero la lluvia ha cortado la señal. Estamos a la deriva…Es mejor… Es mejor que se agarren fuerte porque tenemos amenaza de hundimiento…

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