CAPÍTULO 28
No puedo entender como una niña me puede tener tan loco y arrastrado por ella, sus ojos claros se iluminan al ver a todas estas personas a su alrededor, la tomo de la mano para que no se pierda entre la multitud. Tener a Dara en mi vida es algo que le agradezco al cielo porque llegó en el tiempo justo y necesario. Aunque me vea fuerte e imponente delante de mi pequeña mis secretos no me dejan dormir realmente.
He pisado tanta mierda durante tanto tiempo que ella y solo ella me a dado un poco de paz interior. Su boca se embarra del caramelo de la manzana y termina abriendo los ojos cuando mi lengua recorre sus labios limpiando cada parte de esta. Sonrío al ver sus mejillas pálidas ahora en un tono carmesí. Vuelve a darle otro mordisco a lo que con tanto anhelo come, como si antes jamás habría probado algo así y debo mantenerme firme al notar como su boca saborea con tanto ahínco el pequeño dulce. ¿Cómo alguien de su edad puede verse tan sexy con sólo hacer eso?
—¿No quieres un jugo? Tanto caramelo es malo…—¡Mierda! Lo está haciendo a posta. La pequeña Smirnov pasa su lengua de manera provocadora por la manzana logrando que mi miembro empiece a palpitar dentro de mi pantalón—¡Para ahora mismo!—se ríe—Sabes que podría follarte aquí, así que detente ahora si no te harás responsable de esto—le señalo mi providente erección con los ojos.
La pelinegra se cruza de los brazos por un instante y debo bajar el dorso al sentir como sus manos agarran el cuello de mi camisa para besarme de repente. Su beso no es para nada inocente. Frunzo el entrecejo porque se está comportando de una manera extraña desde que llegamos aquí. La agarro del cabello con suavidad para hundir mis dedos sobre su mejilla izquierda y besarla como es debido. Con pasión y salvajismo. Cierro los ojos como un crio adolescente el cual no quiere separarse de la mujer que ama. Quizás solo estoy marcando territorio delante de todos estos hombres que pueden ver de otra forma a mi mujer.
Soy un maldito posesivo, pero no me importa ¿A caso soy el único hombre en este mundo que hace esto? Ella es mía y juro por Dios que haré cualquier cosa que tenga que hacer para que siga siendo de esta manera. Debo separarme de ella cuando mi pene estrella contra su pelvis. Me estoy saliendo de control y aunque quiera hacerle el amor de nuevo, Dara es una jovencita y debo cuidar su reputación.
Quiero tenerla solo para mí—¿Quieres subir allí?—señalo la rueda se la fortuna; Dara abre los ojos y puedo ver el terror en ellos—Estás con tu hombre, nada te va a pasar ¿Confías en mí?—niega y me burlo. Algo que tiene mi pequeña es el rencor. Jamás olvida algo.
—Cuando estaba en la cárcel por haberle roto el hocico a Liam te dije que no le dijeras nada al abuelo y…—la beso intentando que se le olvide lo que me acaba de decir—Además… ¡Ash!—suelta un puchero y se ve tan adorable—Vamos a tu porquería de juego…—la nalgueo fuerte haciendo que brinque sobre su puesto.
—¿Por qué me pegas?—me acusa enojada. Dios, es demasiado bella y aunque he intentado frenar esto que siento, Dara no me ayuda para nada. Estoy a sus pies y si ella quisiera podría tenerlo todo de mí. Todo. Sería su esclavo por el resto de mi vida.
—Porque, me perteneces, pequeña…—me golpea con el antebrazo y la tomo de la cintura para cargarla y así llevarla hasta la fila para subir a la rueda de la fortuna. Gracias al cielo solo un par de personas entran y nosotros. Sus ojos brillosos me informan de que efectivamente, le teme a estas clases de cosas. La aferro contra mi dorso al sentir como su cuerpo tiembla al colocar uno de sus pies contra el barandal del juego mecánico. Su rostro está pálido y aunque quiero reírme de ella y de como se ve tan adorable con tan solo verse asustada; lo único que hago es sentarme a su lado.
—Te… Te odio…—suelta echa una ola de nervios. La rueda empieza a andar y ahora si no puedo evitar reír al notar como aprieta los párpados móviles de sus ojos. Toco sus mejillas para acto seguido acercar mi rostro a ella y pegar así mis labios sobre los suyos. El frío de la noche y a esta altura hacen que sus manos y brazos incluyendo sus piernas estén completamente helados.
Me quito mi saco para pasarlo por encima de sus hombros—Algún día me amarás tanto que te dolerá el pecho de tanto amor que sentirás por mí—me saca el dedo del medio incrédula con lo que le acabo de decir—No es difícil amarme. Solo mírame, millonario y un playboy…—alardeo de mis cualidades pero al parecer a ella no le impresiona nada de eso—¿Me estás ignorando?—la acuso al ver como gira su cabeza para ver hacia la ventana que está a su lado.
—Que bueno que me metí con alguien con cerebro…—ahora me hace lucir como un tonto. Coloco mi antebrazo sobre su pecho para pegar su espalda sobre el espaldar se la silla en donde estamos sentados. La pequeña Dara abre los ojos al notar como separo sus piernas con mis manos. Sus ojos se agrandan más de lo normal. Muerde su labio inferior al percibir como humedezco mis dedos para así poder frotar su sexo.—Nos van a… ¡Por Dios!—gime cuando masajeo su hinchado clítoris.
—Si disimulas un poco nadie podrá escuchar tus deliciosos gemidos—grita en el justo momento en que introduzco mi dedo índice en su resbaladiza y caliente vagina—¿Tú no eras la que me estaba ignorando?—saco mi mano de su braga. La pelinegra borra toda expresión de su rostro—Si me odias es imposible que te dejes tocar de mí, es algo… Hipócrita ¿No?—me burlo.
—¡No me puedes dejar así!—el juego se detiene y ella se alarma—¡Otra vez! ¡Otra vez!—para mí no es un problema hacerla mía allí mismo, solo que deseo al menos escuchar una vez que le gusto. Que me desea y porque no, que me quiere pero hasta el momento soy el único que ha dicho «Te amo» sé que este tipo de cosas es difícil para ella, solo que ahora mismo estoy siendo un novio celoso y posesivo que quiere saber de su boca que es solo mía.
Treinta y cinco años y me comporto como un chico de secundaria.
Salgo de allí como alma que lleva el diablo intentando ignorar sus quejidos ¿Qué carajo me está pasando? ¿Desde cuando me comporto como un idiota? Algo extraño se instala en mi pecho que me quema. Quiero escucharlo al menos una vez; eso me haría tan feliz pero sé que será difícil. Muy difícil de hecho. Un tipo que reconozco se posiciona delante de mí, una sonrisa algo siniestra se dibuja en sus labios mientras que aniquilo con la mirada a la tipa que lleva colgada de su brazo.
Miro de soslayo a Dara—Nunca he creído…—empiezo a hablar metiendo mis manos dentro de los bolsillos de mi pantalón—que la escoria pueda ocultar su olor aunque creo que eres el vivo ejemplo de lo que hablo ¿Podrías quitar tu apestosa existencia de mi camino?—tomo a mi pequeña de la mano para que sepa que está conmigo.
Liam se ríe mirando hacia el suelo—Sabía que eras puta…Pero no tanto—habla mirando a Dara, levanto la mano para golpearlo pero mi mujer me lo impide—Sabía que eras una joyita ¿Pero un Russo? ¿Tu familia sabe de esto? ¿Izan sabe que te acuestas con su tío?—mi cielo corre hasta él de manera sorpresiva y lo abofetea tan fuerte que me hace sentir orgulloso de ella—Eres una…—lo empujo de una patada. La chica intenta golpear a la pelinegra pero la agarro de los hombros y la hago a un lado.
Dara me sonríe—¿Puedes ganar un oso para mí?—inquiere ignorando lo que acaba de provocar.
—Te puedo dar hasta el cielo si me lo llegas a pedir—sonríe mostrando dientes.
Alzo mi brazo en línea recta, respiro profundo de manera pausada tiro del gatillo derribando todos los obstáculos. Los gritos de Dara emocionada me han reír. Ella recibe su juguete feliz mientras que yo miro a ese par de idiotas.
—Soy tan bueno con las armas que esto es nada a lo que te pasaría a ti si vuelves a llamar a mi mujer «puta» —lo amenazo—, ahora arrodilla a tu zorra para que le bese los pies a mi chica.
La maldita escupe el piso y sale disparada de allí sin cumplir su parte de la apuesta, al menos les he hecho saber que con mi novia nadie se mete. La pequeña Smirnov está tan sonriente con las cosas que ha ganado hoy que algo dentro de mi pecho me dice que la amo demasiado. Ella ha decido manejar mi coche alegando que ahora es suyo y he tenido que tomar un taxi apenas hemos llegado a su edificio. Le he besado por casi veinte minutos es complicado separarme de Dara pero lo he hecho porque ambos debemos trabajar mañana.
He sonreído por todo el camino pero dejo de hacerlo al ver a Sara, mi hermana mayor dentro de mi residencia a las afueras de la ciudad.
—Hasta que por fin llegas…
—Ya te puedes ir.—tiro mi saco sobre el sofá.
—Jessica ya me contó; Miguel te va a matar—ruedo los ojos.
—Que lo haga.
—Ella empeorará las cosas sabes he tu mejor opción es la heredera de los hoteles Clark, mira Sergei ya de por si nos arruinas el apellido con tu existencia al menos si te casas con ella podrás ocultar de donde vienes…
—¡Dilo! ¿Qué te hace creer que si me caso con ella dejaré de ser adoptado…?

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