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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 31

CAPÍTULO 30

Maya se quiere reír y yo lo único que quiero es huir de aquí, Sergei levanta un poco su mentón intentando verse rudo sin saber que con todo lo que acaba de decir y hacer, ha confirmado a todos que estamos juntos. Mi respiración se ha regulado, así que me acomodo un poco en el espaldar de la silla playera para tener un poco de paz antes del caos.

—Te estoy esperando, Dara…—la voz del abuelo me hace brincar sobre mi asiento—Levántate ahora y síguenos—sus facciones están endurecidas. Chaina me da un beso en la mejilla mientras que Maya no me quiere soltar de la mano. Estoy metida en este problema hasta el fondo y no sé que nos va a pasar, si no aceptan nuestra relación.

Me coloco una salida de baño para tapar ni desnudez a la hora de entrar de nuevo en la mansión.—¿Qué le vas a decir a tu abuelo?—la rubia se mete de repente en mi camino—Recuerda lo que Miguel le hizo a Gabrielle ¿Y si les hace lo mismo a ustedes?—Maya tiene razón—Sergei y tú deben de estar de acuerdo sobre qué van a decirle; es mejor que tomen una decisión ahora.

Bajo la cabeza y asiento—Yo sé que es lo que le diré a él, por ahora quédense aquí por si me toca huir de la mansión Smirnov; necesitaré que me ayuden.—salgo apurada hacia la oficina de mi abuelo.

—¡¿Qué vas a hacer?!—me grita una de ellas pero no me detengo hasta que estoy afuera del lugar de trabajo de Miguel. Toco un par de veces con el alma en mi boca y mi estómago rugiendo tan fuerte que siento que me voy a desmayar. Mi corazón golpea contra mis costillas y debo sostenerme de la pared para no caer cuando mis piernas comienzan a flaquear.

Giro la perilla de la puerta, debo mantenerme firme al ver como el abuelo sostiene su bastón de una forma tan autoritaria que hasta el mismo magnate está sentado en un sillón de cuero fino al frente de él. A su lado hay un puesto vacío para mí.

—Siéntate, Dara Smirnov—¡Carajo! ¿Por qué tengo tanto miedo?—Anda, cariño que no tengo todo el día…—cada vez que doy un paso puedo sentir como miles de agujas se clavan en las plantas de mis pies. Sergei me observa y comienzo a negar al verlo quitarse su chaqueta para cubrirme del frío infernal que está haciendo por culpa de mi cuerpo húmedo. Le abro los ojos para que pare de hacer esto. El abuelo suelta una pequeña risita.

—Miguel...—el abuelo lo señala con el bastón para que se calle.—No sé de qué va todo esto, yo…—le tira un porta papel de la nada y brinco sobre mi puesto al ver la forma en que lo ha callado. Dios, esto va a terminar, muy mal.

—¿Les conté como conocí a mi esposa?—parpadeo—Sergei, hice una pregunta ¿Sabes como tu hermano y yo conocimos a mi esposa?—el italiano niega—Ese gilipollas siempre intentó quitármela ¿Alguna vez te lo dijo?

Vuelve a negar—No señor…—el magnate mueve su pie izquierdo de arriba hacia abajo en señal de ansiedad. Relame sus labios mientras que no deja de mirar fijamente a mi abuelo. Inclino mi espalda un poco hacia atrás intentando ignorar los gruñidos de mi estómago. Estoy a nada de vomitarme por los medicamentos que me he tomado hace algunos segundos.

Miguel saca una pequeña foto de uno de los cajones de su escritorio—Está es mi esposa junto a sus padres…—parpadeo porque jamás había visto una foto de mi bisabuelo—Se llamaba Gilberto y era un verdadero cabrón…—se ríe—Secuestré a mi Victoria cuando ella tenía dieciocho años…—Sergei se paraliza—Fui un verdadero dolor de cabeza para ella y en ese tiempo era otra persona… Y ahora me arrepiento de todo lo malo que le hice pasar…—sus ojos se llenan de lágrimas y debo acomodarme en mi asiento porque es la primera vez que veo el abuelo se esta forma—Amo tanto a esa mujer que me costó siete años darme cuenta que hice todo mal con ella ¿Lo volvería a hacer? Mi respuesta es no. Pude haberla enamorado como toda la gente normal lo hace, pero yo, yo le arrebaté la posibilidad de elegir a quien amar.

—Miguel…—suelto dándole a entender que puede parar si no desea seguir con esto. Él sólo menea la mano restándole importancia.

—Luego de tanta mierda me gané su alma y el Miguel asesino se fue…Perdí personas importantes para mi vida, Nathan murió por culpa del padre de Victoria… Pero yo volvía siempre por ella ¿Saben por qué?—negamos—porque yo amo a esa mujer como nunca en mi vida amaré a nadie. Y no saben como sufro al saber que pronto alguno de los dos deberá morir dejando al otro solo y yo…—no puede mas y llora delante de nosotros—Yo quiero ser el primero en irse porque no podría verla morir… Oh, Dios, esto es tan difícil…—me levanto del sillón y corro hasta él para abrazarlo—Quiero que me entierren en la misma tumba del amor de mi vida, quiero estar con ella hasta la eternidad. Es por eso que debo hacerte una pregunta, Sergei.

El magnate mueve su cabeza—Dígame, señor…

—¿Estás en una relación con la pequeña Dara?—me congelo, me alejo de ellos y nieto ganándome la mirada acusadora por parte del italiano.

—¡Cómo se te ocurre!—grito alterada—¿Qué te hace pensar eso? Este tipo y yo no tenemos nada…

—Creo que lo supo desde un inicio…

—Estás metido en un lío terrible… ¿Qué crees que dirá mi papá cuando se entere?

—Espero que lo mismo que tu abuelo.—me jala del brazo para besar mi frente. Camino detrás de él al salir de la mansión Smirnov. Maya y Chaina me abrazan deseándome suerte ahora que el líder de nuestra familia lo sabe todo. Debemos ser más discretos ahora en adelante. El magnate maneja a toda velocidad hasta llegar a mi edificio. El aire de la noche es frío, siento algo extraño en mi estómago cuando sostiene mi mano con la suya. Las personas nos miran y solo puedo sonreír.

—¿Cuándo me dirás que me amas?

Bajo la cabeza y niego—Lo siento tanto…—me excuso al saber que no podré decirlo así de fácil.

—Te amo y te amo…—frunzo la frente al no saber que significa eso—Te amo por los dos…—me tiro en sus brazos y solo lo suelto al escuchar el clic de mi puerta—Dara…Yo tengo amor para llenar esta relación.

—Sergei…—digo su nombre.

—Dime…—desbotono su camisa y él entiende lo que quiero decir—Soy tuyo, Dara Smirnov… Solo tuyo…Ahora espérame desnuda en tu cama y dispuesta a hacer el amor durante toda la noche. Tu hombre no te soltará así de fácil…

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