CAPÍTULO 31
Sus ojos me observan de una manera tan detallada que siento que logra ver mi alma. Sergei acaricia mi mejilla izquierda y parpadeo al escuchar el clic de la puerta de mi apartamento cerrarse. Su mano derecha sostiene mi brazo y debo bajar la cabeza al notar como tira de mi cuerpo para sentarme encima del sofá. El magnate desliza la camisa que está usando por sus brazos y en un abrir y cerrar de ojos lo tengo completamente desnudo delante de mí. Puedo escuchar como mi corazón bombea con fuerza.
El italiano apoya su mano sobre el espaldar del sofá para así recostarme en el colchón de este—Eres tan hermosa…—dice mostrando dientes—Lo digo tan enserio. Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida ¿Lo sabes verdad?—trago con dificultad al notar como saca de la nada un sobre plateado. Su sonrisa es tan malvada que lo único que puedo hacer es quedarme quieta y dispuesta para él.—Vez a tu habitación como te lo dije allá afuera y espérame desnuda ¿Sí?
Asiento tan nerviosa que mis pasos son torpes, mi pecho salta tanto que debo agarrarlo porque siento que en cualquier momento podría tener un infarto. Mi habitación está vuelta un asco pero ahora lo único que me preocupa es realizar la orden que él me ha dado. Paso mi vestido por encima de mi cabeza, corro hasta mi mesa de maquillaje, me echo algo de loción y me peino un poco; me miro en el espejo más de la cuenta y a la final termino metiéndome en la cama con mis pies y manos frías.
Acomodo una almohada debajo de mi cabeza, debo respirar pausadamente para no estallar en alguna crisis nerviosa. El clic de la puerta me hace brincar y todo se vuelve peor al sentir como el colchón de mi cama se hunde. Los labios de Sergei besan la piel de mis piernas y muerdo mi labio inferior al percibir como deja besos hasta llegar a la zona de mi intimidad.
—Eres jodidamente deliciosa…De ahora en adelante ingresaras a tu dieta todo lo que incluya piña…Asiente si lo entendiste—lo hago de inmediato y tantas veces que termino ganándome la risa del magnate. Gimo fuerte cuando su lengua toca los labios internos de mi sexo; los movimientos empiezan despacio pero luego se intensifican tanto que debo arquear la espalda por el placer que desborda mi cuerpo. Él separa mucho más mis piernas y toca mis pechos con tanta propiedad que lo único que puedo decir es que todo lo que soy le pertenece a Sergei Russo.
—Ah…—el rubio alza la cabeza al escucharme gemir, se separa de mi intimidad para romper el sobre con el preservativo para así poder entrar en mi interior. Su polla frota mi vagina por un segundo pero termino hundiendo mis dedos sobre la piel de sus brazos cuando me invade de manera brusca. Sus ojos están en blanco y no puedo ignorar la forma tan majestuosa en la que se ve su rostro. Sergei se tumba sobre mi cuerpo haciendo que muerda mi mejilla interna por las embestidas tan bestiales que está haciendo.
Sus ojos buscan los míos—Te amo… Te amo tanto…—¿E… Está llorando? —Te deseo cada día de mi vida, Dara Smirnov.—Sergei me agarra el rostro con una de sus manos, observa por algunos segundos mi boca para luego besarme tan suavemente haciendo que mi intimidad palpite por lo excitante que se siente. Él devora mi cuello y debo aferrarme a su espalda al sentir los movimientos necesitados y coordinados de su pelvis empujado hacia mi coño.
—Quiero… Más…—me gira haciendo que quede encima de él. Sus manos se hunden en mis caderas y debo subirme un poco al recibir sus estocadas salvajes. Toco con uno de mis dedos sus labios. No puedo dejar de sonreír como tonta. ¿Me he ganado la lotería con Sergei Russo? ¡Yo creo que sí! Siento como me corro algunos segundos después para luego terminar ambos desplomados uno al lado del otro.
El magnate toma mi mano para jugar un poco con ella—Quiero mostrarte algo ya que me he dado cuenta que no te has percatado de eso…—frunzo las cejas al escuchar lo que acaba de decir. Puedo jurar que la respiración se me ha cortado al ver mi nombre en su muñeca izquierda. Debo sentarme con rapidez sobre la cama para poder verlo más de cerca.
Mi cabello está alborotado—¿Cuándo pasó esto?—mis dedos delinean mi nombre en su piel. Su mirada está solo en mí.
—Hace un par de días, quería darte la sorpresa antes de decirte otra cosa…—me jala del brazo haciendo que quede sentada sobre sus piernas—Esta noche habrá una cena en casa de Sara Russo y quiero que vayas conmigo…—dejo de respirar—Tu papá no está en el país y no deseo estar solo en esa reunión, te necesito conmigo…—sus palabras suenan tan necesitadas, es como si le temiera a algo.
—¿Qué significan tus tatuajes?—se ríe.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña