CAPÍTULO 34
Logro escuchar todo lo que pasa a mi alrededor, pero no puedo moverme.
Sergei coloca mi cabeza sobre su regazo y esa sonrisa débil en sus labios y esos ojos azules como el océano infinito me hacen darme cuenta que esto es más grave de lo que pensé. Como puedo escondo mi rostro en su estómago intentando imaginar que todo esto es solo una pesadilla. Aprieto los puños de mis manos porque quizás esto era lo que quería Jessica y creo que lo ha logrado.
Cierro mis ojos y el flash de los lentes de esos periodistas llegan a mi mente; quizás mañana todo sea peor. Tal vez las acciones de la empresa de mi familia caigan por mis malditos errores. No debí dejarme provocar por ella, claro que no debí hacerlo ¿Pero como devuelvo el tiempo? ¿Alguien podría ayudarme? Puedo sentir como mi pecho y mis ganas de vivir se hunden en el abismo. Estoy considerando que la palabra «Felicidad» no fue incluida en mi vida.
Percibo el perfume de Sergei y es allí donde me doy cuenta que por fin hemos llegado. Sus manos se aferran con fuerza a mis caderas que poco a poco me van soltando hasta que llega el tío Izan y me logra salvarme. El esposo de mi tía Gabrielle Smirnov me arrastra con él y logro perder de vista al hombre que un día prometió ser mi lugar seguro pero ahora no lo está siendo.
Me dejo ir por un momento pero cuando retomo la consciencia me encuentro con mi abuela hecha un mar de lágrimas mientas que mi madre solo está en silencio en una de las sillas de la enorme sala de la mansión. Mi abuelo camina de lado a lado una y otra vez y solo se detiene al verme por fin despierta. Intento sentarme, pero mis manos me fallan haciendo que caiga de rodillas sobre el suelo.
Recorro toda la habitación, pero él no está. Izan me mira, Logan baja la cabeza. Me rio de forma siniestra porque esto es una jodida broma. Sergei Russo no pudo haberse ido y dejarme de esta manera.—¿Dónde está?—mamá no me mira. El dolor en mi pecho vuelve. Mis manos me sudan y se mueven por si solas. Todo me da vueltas y exploto. Tiro el jarrón chino de Victoria contra la pared. Mi primo intenta controlarme pero le doy un guantazo tan fuerte que termino sacándole sangre. Izan me bloquea el paso pero lo empujo con fuerza. Me he salido de control. ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme por favor! Grito dentro de mi cuerpo porque las palabras de auxilio no me salen por si solas.
Mírenme por favor, háganlo y dense cuenta que no quiero ser de esta forma. No quiero hacerles daño ni hacerme daño. Cada persona que me roza los golpeo. El sudor baja por mi frente logrando que mi trastorno se vuelva peor. Necesito secarme ahora mismo antes de empeorar.
—¿Dónde está Sergei?—vuelvo a preguntar.—¿Le dijeron que no puede estar conmigo?—mamá abre los ojos.—¿Tú le dijiste algo, Mía?—ella arruga la frente—¡Di cualquier cosa!—todos se ponen alerta y no entiendo hasta que veo el artefacto en mi mano listo para hacerme daño. Tiro el metal en el suelo. ¿Qué coño me está pasando? Nunca antes intenté algo así.—Ayu...—me tiro en el suelo. Mamá corre para cobijarme en sus brazos—Necesito a Sergei… Necesito mi lugar seguro…
Miguel correr en busca de su teléfono logrando que lo pierda de mi vista.
Veo como mi psiquiatra entra por la puerta principal y me alejo de forma brusca de mi madre. Izan, Victoria y Logan me quedan viendo con lástima y debo bajar la mirada cuando las voces de mi cabeza me gritan que esta es mi vida. Que siempre voy a vivir de esta manera. Jessica tenía razón. ¿Qué pasará cuando la prensa y el mundo se entere que el importante magnate italiano, Sergei Russo está saliendo con una chica quince años menor que él y eso no lo es todo. Que ella tiene problemas psiquiátricos.
—Hola, Dara…—lo aniquilo con la mirada al escuchar su voz fingida. Observo cómo introduce su mano en uno de sus bolsillos; dejándome ver una jeringa en ella—¿Cómo te ha sentido?—da un paso hacia adelante y yo doy otro hacia atrás—Me contaron que no te sientes muy bien ¿Quieres hablar?—el abuelo vienen caminando con el móvil en su mano derecha pero se detiene apenas ve la escena. Abre los ojos porque sabe que es lo que me va a pasar.
Ese medicamento me dopa tanto que termino perdiendo la movilidad de todo mi cuerpo y en algunas ocasiones hasta la noción del tiempo.—¡Váyase al diablo!—agarro de nuevo el cuchillo del suelo—¡No quiero ser así! ¡No quiero ser así! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué yo, abuelo?!—los amenazo con el arma blanca. Logan está paralizado. Nunca nadie me había visto de esta manera y lo único que necesito ahora es que la tierra se abra y me trague por completo.
—Espera, pequeña…—abro los ojos al escuchar la forma en cómo me ha llamado Miguel—Ya Sergei viene en camino ¿Por qué no bajas esa arma? ¿No quieres que él te vea así, verdad?—No quiero que el italiano me vea así…Yo… Yo quiero…Yo lo…Niego.
Grito al sentir un piquete en mi brazo izquierdo, las lágrimas se resbalan de mis mejillas las cuales no puedo controlar. Mi pecho arde mientras que siento como mi cuerpo se va hundiendo poco a poco. Mi primo Logan me sostiene con sus manos y ahora que lo pienso últimamente no hemos hablando mucho. ¿Qué es ese olor extraño que desprende de su chamarra de cuero negro? ¿Es dulce? ¡No! Es vainilla y chocolate. ¿A caso él…? Mi mente se siente como si fuese un enorme lago con miles de peces intentando salir de allí.
Mis manos me queman, Mía besa mi frente mientras llora, no mamá, no llores por esta hija que te ha salido podrida.

Agarro una bolsa de esas que vive comprando el abuelo para mí y guardo toda la ropa que puedo; me miro en el espejo y soy un total asco, las ojeras son enormes y siento que en este justo momento lo último que me importa es como me veo. Creo que no soy suficiente para retener a alguien conmigo.—Patética… —lo digo para mí misma. Abro la puerta corrediza del balcón y en un movimiento algo suicida me tiro de este cayendo casi sentada sobre un matorral. Busco las llaves de alguno de los vehículos, pero no encuentro ninguna, así que decido tomar un taxi que termina cobrándome un ojo de la cara solo para llevarme a la casa de Maya.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña