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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 36

CAPÍTULO 35

09 de noviembre.

Siento que es el peor día de toda mi vida, ni siquiera pienso que fue la vez en que Liam intentó humillarme delante de todos. Sin duda alguna es este. El vacío de su ausencia es doloroso, tanto que mi pecho se oprime y en algunas ocasiones la falta de oxígeno en mis pulmones logran devolverme a la realidad; Chaina mastica el pollo en su boca tan rápido que algunas migajas caen sobre la mesa. Maya acaricia mi cabello mientras que yo estoy sentada sobre sus piernas intentando no llorar de nuevo.

No sé que sería de mi vida si no las tuviera a ellas dos, quizás estaría más loca de lo que ya estoy. Miro el bote de pastillas sobre la mesa y en un acto de rabia me levanto de doy estoy para agarrarlo con rapidez y tirarlo contra la pared. Chaina se pone de pie y deja lo que tenía en la mano sobre uno de los platos. La rubia mujer detrás de mí, sostiene mi mano para que no continúe.

—Mi vida apesta, esto apesta… ¿Dónde podemos conseguir gasolina?—la española niega—De mí nadie se burla y si él cree que puede jugar conmigo le voy a dejar en claro que no se puede ¿Me entienden? Yo…—aprieto las palmas de mis manos—Lo voy a quemar todo…

Maya me suelta y la miro—Esta no es la forma, la violencia no es la forma para ser escuchada…—me rio—Un hombre por casi mata a Chaina cuando la conociste… Mi ex novio violó mi intimidad… ¿Qué ganamos de esto? Yo creo que deberías de hablar y…

Me doy la vuelta para no escucharla, agarro la bolsa de mano de la pelinegra para sacar su lápiz labial de su comestiquera. Camino unos cuantos pasos hasta un espejo de cuerpo completo que se encuentra en la pared de la sala y sonrío porque me veo horrible. Le quito la tapa al producto y empiezo a esparcirlo por toda mi boca. Chaina toma un peine para organizar mi cabello mientras que Maya inicia a guardar algo de comida en una pequeña maleta.—Tu abuelo nos va a matar—declara furiosa la rubia mujer—Juro que si Miguel me hace algo, te echaré la culpa a ti ¿Vale? Sabes cuanto miedo me da ese hombre y si se llega a enterar que fui yo la que te sacó de Barcelona, estoy muerta.

Ruedo los ojos porque ha sido exagerada. Brinco al escuchar el timbre de la puerta, mis amigas me quedan viendo pero respiro porque no hay ni una sola posibilidad de que sea Sergei el que haya venido. Suelto un suspiro largo al percatarme que ha sido Thomas el que ha llegado y le arrebato las llaves de mi lamborghini de las manos. El español me da un beso en la mejilla y me echo hacia atrás al observar como lleva un ramo de flores de diversos colores en las manos.

—Lamento lo de…—sé a que se refiere con eso; me da las flores y las tiro al suelo, abre los ojos—Tu papá llegó esta mañana de Rusia, pero nadie le dijo nada de lo que pasó, además algo me parece extraño, porque en las noticias no salió nada de lo que sucedió ayer.

Él observa los pétalos esparcirse sobre el suelo, paso por encima de ellos destrozando las flores aún más con la suela de mis botas.—Si quieres venir, es tu decisión pero quiero que sepas que me da igual si vienes o no.—lo digo mirándolo por encima de mis hombros—Sigo sin verte como hombre y más te vale no volverme a dar flores porque la próxima vez…—chasqueo la lengua asqueada, no tengo ánimos de continuar con esta tontería y como lo imaginaba, Thomas viene detrás de mí.

Masoquista. Me subo en el vehículo que el italiano me regaló, el chico que ha estado enamorado todo este tiempo de mí, se sienta en el puesto de copiloto mientras que yo me preparo para conducir. Mis mejores amigas vienen peleando en la parte trasera del auto y sonrío al observar como Chaina le jala el cabello a Maya. Bajo la ventanilla que está justo a mi lado porque siento que cada segundo que pasa me asfixio aun más. ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué no puedo continuar como lo hice con Liam? Quiero mantenerme fuerte e ignorar estas cosas que siento tan extraño en mi estómago.

Amor… Quizás me he enamora… niego, ni siquiera puedo completar la palabra, eso sería imposible y menos ahora que lo he perdido todo; manejo tan rápido que solo freno en seco al escuchar los gritos de mis amigas. Mis manos tiemblan y debo cambiar de puesto con el español porque si esto vuelve a pasar podría matarnos a los cuatro. El sol está más brillante que todos los días, saco mi mano por la ventanilla. Aprieto mi labio, voy a llorar de nuevo.

—Faltan algunas semanas para tu cumpleaños ¿Qué piensas hacer?—la pregunta de Thomas me hace mirarlo—Podríamos ir a la playa…—abro los ojos, el español frunce las cejas y no es hasta que las lágrimas llegan a mi pecho que me doy cuenta que estoy llorando. Niego porque no quiero ir a ningún lugar que me recuerde a él. El mar me hizo conocerte. En el mar me entregué a ti.

—Mejor, cállate y conduce… Ni las mujeres manejan tan horrible como tú…—Maya me hace una seña con la boca para que le diga algo. Creo que he sido demasiado grosera esta vez—Podemos…—me mira de manera fugaz—Podemos ir de camping a Sallent de Gallego…—sonríe mostrando los dientes—¿Estás feliz por esto?—vuelve a asentir ahora con sus mejillas rojizas. Miro mis piernas por un instante. ¿Algo tan insignificante lo pone de tan buen genio?

Así que así se siente el amor.

(***)

Me tiro en la cama de la habitación que me ha tocado. Hemos llegado hace media hora pero lo único que logra colocarme de nuevo en pie, es ese olor a carne asada que viene desde el patio delantero de la cabaña del tío Apolo. La brisa está tan fuerte que mueve las ventanas del lugar en donde estoy hospedada. Me cambio de ropa después de bañarme por algunos minutos. Un vestido ligero de color amarillo y flores es lo que elijo para vestirme. Estoy intentando ignorar mis emociones. El móvil en mi mano empieza a vibrar pero no me detengo hasta llegar al primer piso de la cabaña. El nombre de mi abuelo se hace presente en la pantalla de mi teléfono, pero decido colgar como lo he hecho con cada miembro de mi familia.

Son casi las ocho de la noche, Sergei no se ha aparecido ni por un momento y aquí voy yo se nuevo pensando en él. El efecto de mis pastillas ya ha pasado, así que le arrebato la botella de cerveza a Thomas de las manos; el español palmea el asiento disponible a su lado y termino sentándome junto a él. Maya me mira asustada en el justo momento en que su celular empieza a sonar.

Capítulo 36 Además ese carro no se va a pagar solo… 1

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