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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 37

CAPÍTULO 36

Puedo jurar que mi sangre está hirviendo en estos momentos, el italiano me sostiene con fuerza ya que he intentado zafarme de él en más de una ocasión. No sé cuánto tiempo lleva caminando en medio de bosque pero a medida de que pasa el tiempo me preocupa mucho mas esta situación. La noche está fría, creo que me he pasado esta vez con lo que acabo de hacer, pero viendo la expresión en sus ojos ¿A caso no le importa que le he dañado un coche que vale tanto dinero?

—¿Intentabas engañarme con Thomas?—abro los ojos por su pregunta—Estoy a dos de terminar de partirle la cara, necesito que me calmes ahora. ¿Intentabas engañarme con ese tipejo?—me baja. Veo hacia todos lados y no reconozco en donde carajos estamos. El italiano sujeta mi mano con fuerza—¡Estoy furioso!—su voz está el doble de ronca—Vamos, pequeña, dile a tu hombre que jamás lo vas a dejar…Necesito escuchar eso…

Busco mi móvil para mostrarle la foto que me enviaron donde perfectamente se ve él al lado de Jessica. El magnate sonríe a medio lado mientras alborota su cabello con tanta sensualidad que debo ponerme firme delante de él para no caer en su red de seducción—¿Por eso trajiste contigo al cantantucho? Mi Dara está celosa…—mis mejillas se vuelven calientes—¡Mi mujer está celosa!—me doy la vuelta al escuchar como habla de forma entusiasta—Jessica y ninguna mujer en este mundo que no seas tú, puede tener una oportunidad conmigo. Eres la única ante mis ojos y hoy te lo vuelvo a repetir en medio de este lugar mágico…—mis labios se despegan al ver a miles de luciérnagas volar desde el suelo hasta las copas de los árboles—Sergei Russo ama a su pequeña Dara…—me gira con tanto cuidado como si no quisiese hacerme daño. Desliza sus dedos por mi rostro para luego tirar de mi cuello y pegar sus labios a los míos.

El italiano separa mi boca con su lengua para así recorrer toda mi cavidad bucal; gimo despacio al sentir sus manos enormes y fuertes agarran con brusquedad mis glúteos. Su entrepierna choca contra mi estómago mientras que nuestros cuerpos se van calentando poco a poco. El sitio se ha vuelto verde por el color de los hermosos animales que nos rodean. Mi corazón late dentro de mi pecho. Ahora lo entiendo todo…

—Sergei…—me abraza sobre su pecho. Sus manos se aferran a mi cintura—Necesito decirte algo importante…—levanta la cabeza. Aquí vamos…—Yo—eleva las cejar como si supiera lo que voy a decir, da un paso hacia atrás para así separarse un poco de mí y poder verme mejor—Yo te…—sonríe tan hermosamente que no puedo pensar en otra cosa que no sea él—Sergei… Yo te…—aprieto los párpados. Esto es mucho más difícil de lo que pensé. Cierro los puños de mis manos. El magnate se acerca como una fiera, posa su mano en la parte baja de mi espalda para así colocar su frente sobre mi hombro.

—Sabía que este día llegaría, sabía que un día me ibas a amar…—¿Está sollozando?—no sabes cuántas veces me dije a mí mismo que si podía lograrlo—ahora me mira a los ojos—Yo también te amo, cielo mío.

Estoy atónita—Pero yo…—coloca su dedo índice sobre mis labios.

—Los hechos valen más que mil palabras y sé que me amas tanto como yo te amo a ti…No tuviste que decirlo para yo saber que me querías decir, de esto se trata el amor, pequeña. Es sentir que la persona que amas es tu otra mitad y estoy más que seguro que tú eres mi hilo rojo.

—Entonces sí…—sus ojos brillan—Yo estoy enamorada de ti…—esa sonrisa de nuevo…—Yo te a…—ahogo un grito al sentir como sus manos me arrastran hasta hacerme chocar contra un enorme árbol. Oigo su jadeo a tal punto que mi vagina comienza a humedecerse; esto es ilógico pero Sergei es mil veces que mi medicamento para controlar mi enfermedad, se detiene por un segundo para mirarme de la única forma en que él puede hacerlo y así continuar besándome como si no hubiese un mañana.

—Quítame la camisa.—declara con sus hombros subiendo y bajando por la excitación.—Tócame, por favor…—su rostro me lo dije todo. Titubeo un par de veces hasta que por fin mis dedos tocan su duro pecho. Él me mira con fijeza y segundos después echa la cabeza hacia atrás al sentir como mis manos trazan líneas en todo su cuerpo. Acerco mi rostro y sonrío cuando se estremece al recibir mis labios sobre su cálida piel. Mi lengua dibuja círculos haciendo que el magnate gruña complacido.

Vuelve a tomarme del cabello, muerdo su labio inferior con poca suavidad porque he tenido la necesidad de hacerlo. De marcarlo, de decirle al mundo que este hombre es solo mío, Sergei masajea mis glúteos con sumo cuidado. Mi corazón quiere salirse y sé que si no lo tendría conmigo ahora mismo no estaría con vida. Él es mi lugar seguro en este mundo y solo quiero que pueda seguir dándome esa luz que tanto necesito. Entierro mis uñas sobre en sus hombros, el italiano separa mis piernas y no puedo evitar reírme cuando de un solo tirón rompe mi braga en miles de pedazos. Sus manos alzan mis piernas estrellándome de nuevo contra ese tronco de árbol.

Su polla dura como una roca se instala en mi entrada, mueve su cadera hacia adelante y sé que debo guardar silencio si no quiero que algún loco nos descubra en esta inmoralidad. Sus embestidas no son para nada amigables. Es como si quisiera decirme con su cuerpo que me ha necesitado durante toda su vida.

—Di que solo eres mía, por favor…—su mano izquierda sujeta mi rostro para que lo mire—Solo dilo para mí; puedo soportar que me ocultes, que no le quieras decir a nadie que soy tuyo… Pero al menos dime que solo me perteneces a este hombre que te ama como a nada en la vida.

Tenso mis muslos internos cuando su miembro entra y sale sin parar, me quiere sacar las palabras a la fuerza.—Yo…—me sostiene con brusquedad. Me folla como si toda su vida dependiera de esto—Yo… Le pertenezco a Sergei Russo…Yo soy solo tuya…

Nos tumba a ambos en la hierva verde, con un movimiento me coloca encima de él, sus ojos continúan cerrados y con algo se timidez tomo con mi mano su polla para introducirla de nuevo dentro de mí. Sonrío al verlo limpiar el sudor de mi frente.

Brinco varias veces y la calidez en mi pecho se hace presente al oír como gruñe y se retuerce de placer por mí. Las luciérnagas nos cobijan a los dos esta noche y como ellas quiero ser su luz y espero que él siga siendo la mía.—Sergei Russo ama a Dara Smirnov…La mujer que enamoró a italiano…—murmura entre dientes, ambos nos dejamos tocar por la tentación. Esa noche sentir que por primera vez en mucho tiempo era normal y sobre todo que tenía corazón.

Capítulo 37 Algo está pasando… 1

Capítulo 37 Algo está pasando… 2

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