Richard
No puedo creer todavía que Claudia se haya ido así, sin dejar que le explicara las cosas, pero no puedo seguir reteniéndola en contra de su voluntad, ya mucho tiempo lo hice, quizás tenía la vaga esperanza de que cuando llegara el momento ella me escucharía y entendería el motivo que tuve para hacer todo como lo hice. Aunque entiendo perfectamente su postura, ahora solo me queda esperar a que ella desee hablar como se lo pedí.
Sin embargo, tengo que esperar a que sea ella quien decida venir, sé dónde está ni loco iba a dejar que se fuese sin saber exactamente donde estaría, mis hombres cuidaran de ella discretamente para que no se sienta abrumada, no deseo que piense que la estoy acosando ni presionando, por el momento es mejor que vaya a ver qué es lo que quiere Sabrina, porque si de algo estoy seguro es que no una simple disculpa, su patética actuación me la conozco de memoria, no entiendo cómo fue que me involucre con ella si sabía lo material que es.
No me importa dejarle el departamento que compre, con traspasar la titularidad tengo y hasta podría depositarle una fuerte cantidad de dinero si es lo que quiere, después de todo la estoy dejando sin empleo por proteger un matrimonio que no sé cuánto tiempo más dure. Nunca debí haberme casado con ella sin su consentimiento, ni siquiera recuerdo en que momento esa idea se me cruzo por la cabeza.
—Señor, no piensa traer de vuelta a su esposa —pregunta la Señora Clara deteniendo mis pasos.
—Cuando ella vuelva será porque así lo desea, de resto nada tengo que hacer, no me parece justo para ella que la mantenga encerrada a fuerzas —contesto.
—Disculpe que me meta, pero ¿Usted ha empezado a sentir algo por ella? —aunque este tipo de intervenciones me molesta, me muerdo la lengua por respeto de sus años, sin embargo, no estoy dispuesto a que pase sus límites.
—Le agradezco su preocupación, pero le pido amablemente que mantenga las distancias y recuerde que quien paga su sueldo soy yo —creo que fui bastante grosero, pero no me encuentro con ánimos de sus preguntas y muchos menos de sus comentarios metiches.
—Ya me contesto y no se preocupe que no olvido toda la ayuda que me ha dado —dice y se retira dejándome solo una vez más.
Salgo de una vez por todas para ir por mi auto, en el camino pienso en las palabras de la señora Clara, no sé a qué se refería con que ya le había respondido a su pregunta, en fin la ayuda de la que habla es la beca estudiantil que le he dado a su nieta por todo lo que duren sus estudios. La hija de la señora Clara se hizo madre soltera y murió dando a luz a la pequeña, cuando entro a mi servicio me di cuenta de que la mantenía encerrada en su cuarto, por lo que le propuse pagara por sus estudios hasta que se graduara, por suerte esa dulce niña ya es una mujer adulta que ha demostrado ser digna del sacrificio de su abuela y estoy seguro de que un día no muy lejano tendrá una posición económica similar o mejor que la mía.
No soy de sobrecargar a la señora Clara de trabajo, de hecho permito que maneje la casa a su antojo siempre y cuando mantenga el orden y silencio que tanto me gusta, aunque hubo un tiempo que la algarabía me agradaba, cuando Hannah me miraba sentía campanas repicar por doquier, ella le daba una música distinta a mis días cuadrados. Al fin llego al departamento de Sabrina, estaciono fuera del edificio e ingreso al mismo, espero no tardar más de la cuenta, desde hace algún tiempo me desagrada la compañía de esta mujer, es probable que su maldita costumbre de saber que tan caro ha costado algún regalo que le haya dado me ha hecho ver que ella no es una mujer para pensar en un futuro, porque si en algún momento la fortuna deja de sonreírme estoy seguro de que ella será la primera en abandonar el barco como las ratas.
—Hola, pasa —dice cuando me ha abierto la puerta—. ¿Por qué no entraste? Tú tienes llaves —señala.
—Toma, ya no las necesito desde hoy este departamento serás la única propietaria —contesto ignorando su cara de sorpresa.
—Gracias, pero no quiero que te desprendas de algo solo por lástima —alega.
—No es lástima, tómalo a modo de compensación o como una forma de deshacerme de ti, también tengo pensado darte una cantidad considerable de dinero con la condición de que me dejes en paz —aclaro sin ni siquiera mirarla.
—Creí que íbamos a poder hablar sin llegar a las ofensas —dice teatral—. Yo simplemente te llamé, porque me pareció mal el espectáculo que hice, no para que me ofendas de esta manera —gruñe ofendida.
—Por favor, Sabrina… ambos sabemos perfectamente que a ti lo que te mueve es el interés, ahora no te des aires de mártir —gruño empezando a molestarme.
—Si es así como siempre me has visto, entonces nunca me conociste realmente, nunca viste la persona que soy en mi interior —articula asomando dos lágrimas tan falsas como sus tetas.
—Solo conocí lo que me dejaste ver de ti y si te soy sincero no me interesa conocerte a estas alturas —replico con desinterés—. Aquí tienes, le diré a Andrea que arregle los documentos de este departamento y que se encargue de depositar en tu cuenta suficiente dinero —anuncio dándole la espalda para retirarme.
—Richard, por favor no te vayas, yo te amo —alude como medida desesperada, irritándome por el nivel de su descaro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte