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Obligada A Amarte romance Capítulo 14

Claudia

Escucho cada una de las palabras que pronuncia mi amiga mientras continúa hablando sobre las proezas de mi esposo, me habla sobre un caso que transmitieron por televisión en contra del jefe de una organización criminal al que, gracias a Richard, condenaron a cadena perpetua por cargos de lavado de dinero, tráfico ilícito de armas y estupefacientes, secuestro y asesinato de muchas personas. Nunca en mi vida hubiese imaginado que algún día yo estaría relacionada de algún modo con alguien tan importante como él.

Pero por mucho que me emocioné saber todas esas cosas de él, sigo queriendo alejarme a pesar de que mi corazón me dice que me equivoco y súplica que vuelva. No sé cómo puede pasar esto cuando solo tengo cinco días de haberlo conocido, recién descubrí más cosas sobre él, tanto de su vida privada como personal. No tengo un punto de equilibrio para poder crearme una idea de cómo es en realidad, porque por más que me esfuerzo en verlo como lo describe la señora Clara, solamente logro ver a un imbécil con ínfulas de Dios que además está muy bueno.

Largo rato después al fin estamos en la casa de mi amiga, agradezco que sea una casita y no un edificio de apartamentos y que además sea de un nivel, no quiero tener que estar subiendo escaleras con el pie lastimado. Es una casita pintada en gris claro, un lindo jardín delantero con algunas plantas de flores y las tejas del techo sin negras, Isabel detiene el auto en el garaje y apaga el motor, recuerdo el deportivo rojo que solía conducir.

—Hogar dulce hogar, espero te sientas cómoda —dice a medida que empuja mi silla al interior de la casa.

¡Wow! Por dentro es mucho más hermosa, la decoración es impecable desde afuera, sé mucho más pequeña de lo que realmente es, posee un concepto abierto desde la entrada hasta la cocina donde a través de unas puertas acristaladas se aprecia el jardín trasero, el oído es todo en madera de un tono gris muy claro, y las paredes blancas con toques de color en los muebles que decoran todo el espacio.

—¿Te gusta? —pregunta.

—Es demasiado hermosa tu casa —digo con sinceridad, la prisión dónde me tenían no carecía de belleza, de hecho es un lugar muy hermoso, pero carece de ese toque a hogar que se respira en la casa de mi amiga.

—Ven, vamos a que conozcas tu nueva habitación sin candado —bromes guiándome por un amplio pasillo, es una suerte que tenga suficiente espacio para poder moverme con la silla sin problemas—. Esta es la mía —señala una puerta—, y la que le sigue será la tuya, tienes baño propio y un modesto armario —dice cuando hemos entrado.

—Gracias por ayudarme y darme un techo —tomo su mano y le sonrió.

—Siempre seremos amigas, pero ahora hay que ver qué tantas cosas tienes y te odio por hacerme trabajar gratis —pongo los ojos en blanco ante su comentario. Sigue siendo la misma amiga de siempre.

—En realidad no es mucho, la mayor parte de esas cosas es ropa muy vieja, en todo este tiempo solo me he puesto un vestido nuevo y quedo estropeado cuando me hice esto —le señalo mi pie envuelto en la férula.

—¿Te lo hizo él? ¿Se atrevió a… —la pregunta muere en sus labios, cuando me ve bajar la mirada.

—Él prácticamente me salvo la vida, aunque creo que es muy exagerado decir eso, hubo una fiesta para celebrar nuestro segundo aniversario de bodas —empiezo a contar recordando cada detalle de esa noche, deteniéndome en sus celos absurdos, no entiendo todavía como una persona es capaz de sentir celos por alguien a quien acaba de conocer.

Aunque a decir verdad me di cuenta de que no pase desapercibida ante su interés, sé que soy bonita a pesar de que me he marchitado, note como me miraba, pude sentir es sus labios el mismo temblor que yo tenía cuando le bese, sí, obvio que me afecto mucho su cercanía, podría decir abiertamente que despertó el deseo en mi interior, sin embargo, es algo tan común en un hombre acostumbrado a seducir, quizás lo que note fue una simple actuación, un depredador como él nunca se convierte en la presa.

Recuerdo haberlo sentido a mi lado en el hospital, pero no puede escuchar con claridad sus palabras, eran como si se confesara mientras yo dormía, en fin no puedo dejarme convencer por sus y que buenas acciones, Isabel tiene razón, lo mejor es pedirle el divorcio, no aspiro obtener nada más que la libertad a cambio de iniciar un pleito legal.

—Espero que pienses bien lo que harás, de ello depende tu tranquilidad —dice mi amiga después de haber escuchado toda la historia—. Ambas sabemos que tus padres nunca te han amado, y quizás haya algo de bueno en ese hombre, es probable que te salvara al ser el quién pagara por ti y no otro, después de todo nunca te ha lastimado físicamente y por lo que me cuentas se preocupa por ti tiene algo de mérito aunque no por eso queda la duda de porque fraguo un matrimonio entre ustedes del que ni siquiera te acuerdas —sonrío con tristeza por la verdad que hay en sus palabras.

—Lo sé, me gustaría descansar un rato, ¿Podemos sacar mis cosas del auto luego? —murmuro.

—Claro, no hay problema, yo tengo que salir a comprar algunas cosas. Nos vemos al rato —acepta.

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