Claudia
Hace varios días que llegamos a la casa de Fernando y Celin, no termino de adaptarme del todo a pesar de que ella hace todo lo posible porque me sienta cómoda, me ha presentado a las amigas de las que tanto me hablo, son muy agradables, sobre todo Isabella además de quedarme con la boca abierta al conocer sus esposos, todos son unos hombres como sacados de revistas, decir que son guapos es muy poca cosa en comparación. La que se llama Cassandra me ha dicho que tengo que acostumbrarme, porque todos los hombres que las rodean son así de hermosos, de todas ella es la que me parece más espontánea con su forma de ser.
Ya me doy cuenta de que Celin tenía razón al decirme que ella sería quien me enseñaría a tratar a los hombres, su esposo parece un cachorro tierno comiendo de la palma de su mano a pesar de verse tan amenazador, en fin si aprender a ser como ella me enseñara a como no dejar que nadie quiera joderme serán bien recibidas cada una de las lecciones. Otra cosa y por la que tuve tragarme el orgullo entre todas me hicieron de un pequeño guardarropa nuevo, yo me vine sin nada, todo lo que tenía lo deje en casa del troglodita ególatra, pero juro que un día podré pagarles todo lo que Fernando y su esposa han hecho por mí sin conocerme muy bien, me han tendido la mano de manera honesta cuando no tenían por qué hacerlo.
Por otra parte, Fernando me ha ofrecido pagarme los cursos que quiera hacer o hasta una carrera, si es que quiero sacar alguna carrera, y aunque me da pena aceptar, creo que es lo que más me conviene, si logro convertirme en una profesional tengo muchas más posibilidades de encontrar un trabajo en alguna compañía multinacional y si me atrevo a soñar, hasta puedo trabajar para el mismo o alguno de sus amigos.
Otra cosa que también me sorprendió bastante, es la cantidad de pequeños que hay en esta familia tan grande, entiendo que todos son amigos y que únicamente Cassandra y Alexander, el esposo de Isabella, son hermanos, pero que, sin embargo, se consideran hermanos por el lazo de lealtad y amor que les une por lo que es muy normal escuchar cientos de bendiciones cada vez que una cuadrilla de niños hace presencia. Estas personas como que se la viven haciendo competencia haber quien tiene más hijos, pero creo entenderlos, los niños los hacen felices, porque si algo he visto y que es imposible negar es el amor con el que cuidan de cada uno, indistintamente de quien sea. El mayor de estos niños es el de Isabella, Andrew, que por lo que he podido notar está ilusionado con Montserrat, la sobrina del doctor Leonard.
—Claudia, ven —me llama Celin—. ¿Qué haces? Ven, vamos a que conozcas el spa en que vas a estar, estarás en el mismo que yo, así te sentirás más cómoda, aunque la verdad no tienes por qué preocuparte —informa por lo que antes de salir cojo el bolso y el abrigo.
—Gracias por todo lo que haces por mí, de verdad algún día te pagaré cada centavo —digo acercándome a ella.
—Ya te hemos dicho miles de veces, que no tienes que preocuparte por nada, además tienes que aprovechar la oportunidad que te da Fernando para que te formes profesionalmente, así si algún día Richard se vuelve a cruzar en tu camino verá que no eres la misma mujer de antes, ahora es tiempo de que te ocupes de ti misma, de crecer tanto interna como externamente —una sórdida lágrima sale de mis ojos a cada palabra que pronuncia, me hace sentir bien que alguien en el mundo vea tanto en mi interior, vea todo lo que yo no puedo ver.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte