Richard
Cierro los ojos deseando que un rayo me caiga encima y me parta en miles de pedazos, de nuevo se comporta como cuando se encontró con Claudia, no sé cómo hablarle sin sonar duro y al mismo tiempo defender a Andrea del ataque sin sentido de Hannah.
—Hannah, no tienes por qué hablarle así a ella, ya te he dicho que no solo es mi empleada, es también mi amiga y te pido que respetes eso —le exijo a mi esposa sin comprender el arrebato.
—¿Por qué la defiendes? ¿Es tu amante? ¿Engañabas a esa mujer que se parece a mí con ella? —interroga.
—No, nunca he engañado nadie, sabes que no soy de ese tipo de hombres —bufo, sintiendo que ya la quiero lejos de mí—, pero Andrea, merece respeto, el mismo que mereces tú, por qué es un derecho básico de la humanidad —alego.
—Señora, Hannah, no estoy interesada en su esposo y si le trato de una manera personal es porque antes de yo ser su asistente fui una amiga para él y no una con fines románticos o sexuales, puede estar tranquila —miente descaradamente, pero entiendo que lo hace por el bien de la paz mundial.
—No me interesa, eres una empleada y si no quieres perder tu puesto será mejor que no vuelvas a tratar a mi esposo con tanta familiaridad —espeta autoritaria.
—Andrea, por favor, déjame a solas —pido antes de que pueda contestar, me mira y asiente antes de salir definitivamente del departamento—. Hannah, necesitas ayuda y si quieres que lo nuestro funcione vas a recibirla —advierto.
—Yo no estoy loca, pase por muchas cosas para volver a tu lado y no voy a permitir que ninguna zorra quiera meterse en nuestro matrimonio —alega obstinada.
Prefiero no seguir discutiendo con ella, por lo que llamo a la señora Clara para que le ayude a asearse y bote esos trapos malolientes que trae puestos, a regañadientes obedece las instrucciones que le doy por lo que ahora cuento con unos minutos de aparente paz. No sé en qué mierda me metí cuando la conocí, aunque me parece increíble tener en frente ahora a una mujer totalmente diferente a la de hace tres años, en ella no queda nada de la vibrante energía que irradiaba y con la que envolvía a todo aquel que tenía la dicha de conocerla.
Con esto queda totalmente descartada la posibilidad de que yo pueda tener una vida al lado de Claudia O`Brian y probablemente sea lo mejor, lo único que hice al cruzarme en su camino fue joderle la existencia por mis absurdos ideales altruistas, ella tenía razón al llamarme troglodita ególatra, ella fue un amor esporádico que vivirá en mí por siempre.
—¡Richard!
—¡Maldición! —magullo al escuchar que me llama a gritos.
—Richard, ¿Qué hace la ropa de esa tipa en tu vestidor? —olvide sacar las pertenencias de Claudia.
—Yo no ocupaba esa habitación, era la de ella, pero ya mismo le pido a la señora Clara que la saque —digo queriendo mantener la calma.

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