Señora Montero
Estoy segura de que esa mujer oculta algo, no tengo las canas de lujo, eso de que está medio loca, solo se lo cree el tonto de mi nieto, pero que ni se crea, que voy a dejar que le ponga un dedo encima a la fortuna de mi familia, no es una mujer digna de un Montero ni mucho menos de llevar nuestro apellido, por suerte Richard está decidido a separarse legalmente de ella sin importar cuanto drama haga. Sin embargo, tengo que convencer a Claudia de que perdone a mi nieto y vuelva con él, aunque estoy convencida de que ella también necesita crecer, ser independiente, aprender a imponerse, nada que no se pueda resolver.
Por lo pronto, necesito hacerle una visita, sé perfectamente donde está y cuáles son sus motivos para mantenerse oculta, no es fácil enamorarse del hombro que prácticamente la compro y luego enterarse de que él tiene una esposa muerta que resucito justo cuando las cosas empezaban a marchar bien entre ambos. Mi nieto hizo las cosas mal y está bien que sufra por bruto, obviamente quiero que sea feliz y más si es con esa pobre niña necesitada de afecto y de amor, sin embargo, deseo que lo haga sufrir hasta que aprenda que las cosas se hacen como se debe o no se hacen y así no se le lastima a nadie.
—Señora, hemos llegado —me informa Santi, mi chofer.
—Gracias, Santi, tienes que acompañarme —informo antes de que baje del auto para abrirme la puerta.
Una hermosa casa dentro de lo que parece un conjunto residencial, todas las casas parecen compartir el jardín trasero a juzgar por la falta de un cercado que separe las propiedades, según tengo entendido, todos los que viven en este conjunto son como una especie de familia, en fin, únicamente me interesa una sola casa y es la que tengo frente a mí. Me acerco a la puerta principal y toco el timbre, al cabo de unos segundos un joven me abre, le pregunto por Claudia y le aclaro quien soy para que me anuncie, en vista de su duda la tranquilizo diciendo que no estoy allí con malas intenciones, por lo que me hace pasar a la sala y me pide esperar. Santi se mantiene a mi lado en todo momento al tanto de cualquier situación, unos minutos después la voz de un hombre me hace girar en su dirección.
—Buenas tardes, señora Montero —saluda con educación—. ¿A qué debo el honor de su visita? —pregunta sin rodeos.
—Creo haberle dicho a la chica que me abrió, que necesito hablar con Claudia O’Brian —informo con obviedad.
—Así es, pero es mi casa y Claudia me ha pedido mantenerla alejada de todo lo que significa Richard Mobasseri, que aunque mi lazo de hermandad con él es fuerte, soy un caballero y estoy decidido a respetar la petición de la joven, además si no lo hago soy hombre muerto —aclara con sinceridad y determinación.
—Estás en lo correcto, cariño, a mi amiga, nada de lo que tenga que ver con tu amigo viene a perturbarle la existencia como si nada —proclama una pelirroja ingresando en la estancia.
—Creo que cometen un error al suponer que venga de parte del idiota de mi nieto, y usted como hombre de negocios debería saber que las suposiciones son uno de los peores errores que se pueden cometer —señalo objetiva—. Mi interés en Claudia es meramente personal —informo.
—¿Y se puede saber a qué se debe ese interés personal suyo? —ataca la mujer.
Sonrío al ver quien lleva los pantalones en la relación y me da tranquilidad el descubrir que Claudia está en contacto con una mujer de carácter fuerte, es lo que necesita, aprender con el ejemplo. Aunque supongo que, la esposa de Fernando Rodríguez, tiene reservado el amor y la ternura exclusivamente para él.
—Solamente quiero conversar con ella para ofrecerle mi apoyo moral y económico, mi deseo es que ella adopte un carácter igual de determinante que el suyo, que se convierta en una mujer fuerte, además tenía pensado dejar en sus manos el manejo de una pequeña empresa que tengo en esta ciudad, con la condición de que si duplica el patrimonio de la misma en un año, pasará a ser de ella —indico con total seguridad en mis palabras.

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