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Obligada A Amarte romance Capítulo 38

Claudia

Soy una completa idiota, ahora que estoy lejos de Richard Mobasseri, no hago otra cosa más que pensar en él, lo extraño a cada instante por absurdo que parezca, es inverosímil como pase de despreciarlo por tenerme en cautiverio a quererlo de esta manera que temo pronunciar, por miedo a sucumbir al deseo que siento en mi alma de ir con él, sin embargo, recordar que está viviendo con su verdadera esposa me da la fuerza necesaria para engañarme a mí misma y decirme que Richard no es importante y no significa nada en mi vida.

Pese a eso, a que me obligo a no amarlo paso el día escuchando su voz y viéndolo en todas partes, hasta busco información sobre en la web para evitar preguntarle a Fernando, sin embargo, he escuchado algunas conversaciones entre él y su esposa, en el que él le comenta sobre la salud de Richard y sobre cómo van las cosas con su esposa, Hannah. No había prestado atención suficiente, pero ahora que lo pienso, así se llamaba mi hermana, Hannah, tal parece que estoy destinada a vivir a la sombra de ese nombre.

Mis padres dijeron que ella había muerto, pero por más que trato de recordar el velorio o su entierro, mi mente sigue en blanco en ese punto ni siquiera recuerdo su rostro, ambas éramos tan pequeñas y aun así me culparon a mí por su muerte. No fue justo que yo tuviera que cargar con esa responsabilidad cuando también a mí me dolió el haber perdido a mi hermana a pesar de que siempre me hicieron a un lado.

—Claudia, ¿Puedes atender a la señora Robinson? —la pregunta me saca de mis pensamientos algo que agradezco.

—Claro, yo me hago cargo —contesto y me dirijo hacia la clienta que espera por mí.

Saludo y le invito a seguirme, hasta el momento he aprendido a realizar algunos tratamientos faciales, nada con agujas, no soy capaz de inyectar ningún tipo de sustancia en los rostros de estas mujeres, masajes faciales, mascarillas y otros tratamientos no invasivos es lo único que realizo además de masajes relajantes, que no son nada del otro mundo, aunque si hay que tener en cuenta ciertos puntos clave en la zona del cuello, hombros y espalda.

Cuando se aplican correctamente puedes sentir que quedas flotando sobre las nubes, Celin insistió en que me tenía que someter a varios tratamientos antes de empezar a trabajar para ella, ahora llevo un corte de cabello diferente aunque sigue siendo largo, pestañas postizas y un maquillaje de infarto, además mi piel luce más radiante y recuperado bastante color, ya no parezco una muerta viva.

La señora Robinson se prepara en el baño de la habitación insonorizada mientras yo me encargo de adecuar la ambientación de la misma, colocando luz tenue, enciendo la música con una melodía Zen y luego me lavo las manos y caliento un poco con aceite de almendras, la señora Robinson sale envuelta en una toalla y se acomoda boca abajo en el lugar indicado, procedo a dejar caer algunas gotas de aceite esencial para luego; aplicando solo un dedo de cada mano deslizo hacia los lados del cuello y hacia los hombros, ayudándome con la lubricación del aceite ejerzo presión de manera uniforme y repito el procedimiento hasta que siento como la piel bajo mis manos empieza a calentarse, entonces paso ambas manos por toda la zona del cuello y aprieto los músculos tensos con mis pulgares y realizo movimientos rotativos con la intención de liberar la tensión.

De algún modo realizar esta tarea me relaja también a mí, la música, el olor del aceite, el calor que sube por las palmas de mis manos, me siento en sintonía con el cuerpo de la clienta y a medida que ella entra en ese nivel de relación yo me libero también de todo el estrés que provoca en mi sistema el hecho de estar pensando a cada segundo en el hombre que amo. Un ronroneo de satisfacción sale de su garganta y me siento complacida de estar logrando el objetivo, por los que coloco las manos sobre los hombros y las deslizo hacia abajo aplicando la misma presión uniforme en todo el proceso, froto repetidamente de la misma manera llegando hasta los codos.

De pronto la respiración acompasada y tranquila de la mujer me indica que he llegado al punto máximo de la relajación, es decir, que se ha quedado dormida mientras yo sigo masajeando su cuello, hombros, brazos y espalda, la habitación se siente caldeada de un modo agradable, me pregunto cómo sería aplicar el mismo procedimiento de manera más íntima, sentir la excitación que producen un par de manos varoniles al deslizarse sobre la piel al tiempo que la fragancia del aceite enciende la sangre que me corre por las venas, hasta llegar al punto máximo del momento y liberado del orgasmo.

Mi mente me hace imaginar la escena estando en la misma posición, pero siendo Richard quien masajee mi cuerpo, me transporto hacia su lado y me entretengo en la imagen que recreo en la imaginación, sintiendo que realmente me empiezo a excitar. La música se detiene dejando todo en silencio a excepción de la respiración de la señora Robinson, con lo cual vuelvo a la realidad, siento humedad en mi ropa interior y me avergüenzo por haber utilizado el trabajo para pensar en cómo sería hacer el amor con el troglodita de mi falso esposo.

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