Hannah
Me amordazan y atan las manos al frente antes de colocarme un saco de tela oscura y gruesa sobre la cabeza, me cuesta respirar no solo por el bloqueo de la tela, sino por el miedo paralizante y aterrador que me controla ente momento, mi cuerpo convulsiona involuntariamente presa del pánico y el temor. No entiendo quién puede querer hacerme daño, la primera vez que me secuestraron amanecí en una cómoda cama, sin embargo, esa vez no hubo violencia ni este tipo de traslado, en realidad no recuerdo como llega de mi casa a la casa de Richard, pero si algo es seguro, es que todo fue de manera pacífica por llamarlo del algún modo.
El vehículo en el que voy se mantiene en movimiento en todo momento, en varias ocasiones siento que cambia de dirección, pero no sé a dónde nos dirigimos, no puedo ver nada, aunque puedo escuchar perfectamente, sin embargo, el o los hombres que me llevan se mantienen en silencio en todo momento. No puedo evitar que las lágrimas broten de mis ojos mientras pienso en las chicas, únicamente les traje problemas cuando ellas se han portado tan bien conmigo, espero que estén bien, que no les haya ocurrido nada malo por mi culpa.
Quizás de en esta ocasión ya no vuelva a tener libertad nunca más o probablemente la muerte este cerca y sea quien me haga libre de las cadenas mortales que únicamente me han hecho sufrir en todo este tiempo. Empero, deseo ver una última vez a Richard y que me bese como la primera vez que nos vimos, escuchar que me diga sus sentimientos hacia mí y luego morir si así lo quiere Dios, no pido más.
—Richard —musito en medio de un sollozo.
—Lloras por el hombre que ha pagado por ti —increpa el mismo tipo que me arrastro hasta la camioneta.
—Él no pudo haber pagado por esto, él no es un criminal —alego desesperada.
—No es la primera vez que paga por ti, ¿O sí? —cuestiona con burla.
Un balde agua fría me cae desde la cabeza hasta la punta de los pies mientras me niego a creer que él haya sido capaz de llegar hasta esto únicamente por tenerme en su vida, no cuando yo ya he decidido pelear por él en contra de quien sea.
—Mientes, él no pudo haber sido capaz de algo como esto, poner el peligro la vida de la esposa de su mejor amigo —señalo.
Estoy segura de que Richard jamás haría nada que lastime a Fernando, sin importar cuanto se moleste con él por no decirle que yo me encuentro viviendo con ellos.
—Entonces no conoces al hombre que tanto defiendes, la obsesión por una mujer es capaz de trastornar hasta al más cuerdo y cuando se tienen los medios no importa nada para recuperar lo que nos pertenece, Richard Mobasseri, no es la excepción, él sería capaz de matar a su propia madre si eso significa mantenerte a su lado —asevera en mi odio luego de tomarme por el cuello y acercarme hasta él con fuerza.
—¡No, él no es capaz de algo tan bajo! —chillo.
—Es mejor que vayas aceptando que ese hombre al que defiendes con fervor es el que planifico, esto —insiste, pero me niego a creerle, estoy segura de que su arrepentimiento era sincero, de que él lo fue conmigo, nunca voy a creer que Richard me quiere hacer daño a mí o sus amigos, jamás voy a creer en esas mentiras.
—Si me dejas libre prometo darte mucho dinero, más del que te están pagando por mí —clamo pensando en que Fernando no me negara el dinero sabiendo que después puedo pagarle con mi trabajo.
—Eres una muerta de hambre, ¿De dónde piensas sacar ese dinero del que hablas? De tus amigos, no te creas muy importante, esas personas jamás te darían ni un centavo y menos cuando sus esposas seguramente ya están muertas en este momento —el terror me invade con más intensidad provocando que empiece a gritar y moverme sin control queriendo liberarme, sin embargo, un nuevo golpe de alguien que va a mi lado y que no había sentido me aturde dejándome inmóvil de nuevo sobre el asiento.
Alexander
Estas mujeres están locas, pero no sé qué haríamos sin ellas, o al menos no sé qué haría sin Isabella en mi vida, ella es mi luz, mi guía, mi todo, ella y nuestros hijos. Todavía me cuesta controlar los celos cada vez que insinúan que irán a ver a otros hombres en pelotas, aunque sé que es mentira igual, siento una furia y celos desmedidos, ella es mía y solo mía.

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