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Obligada A Amarte romance Capítulo 45

Richard

Me estoy cansando de las locuras de Hannah, tuve que mandar a quitar las cámaras de la habitación porque ahora a ella se le ha ocurrido que desea estar desnuda día y noche, porque y que no tiene motivos para arreglarse si de todos modos estará encerrada a cada segundo. Al menos puedo respirar algo de paz mientras ella este en la mansión y yo en el departamento, me gustaría que el olor de Claudia aún permaneciera entre estas paredes, pero es el de Hannah el que circula en el ambiente.

Por otra parte, esta paz me ayuda a realizar mi plan con mayor tranquilidad, divorciarme de Hannah, recuperar mi rostro, aunque sé que no será a un cien por ciento, al menos no seré un monstruo como ahora, y por último tratar de acercarme a la mujer que amo y luchar por ella sin importar cuantas veces me rechace, el que persevera gana y yo no seré la excepción, me siento optimista, sé que ella me ama y que ahora solo está dolida, pero sé que si le demuestro todo lo que siento por ella, me va a perdonar por ser un imbécil y me dará una oportunidad más.

—Señor, me informan que la señora Hannah se ha escapado de la mansión por la noche —dice Darwin entrando al despacho.

—¡Maldición, esa mujer no piensa dejarme la vida en paz! —exclamo dando un golpe sobre el escritorio—. ¿Cómo maldita sea hizo para salir de esa casa sin que ustedes se dieran cuenta? —cuestiono.

—Señor, hemos descubierto unos pasadizos secretos que recorren toda la mansión y dos de ellos dan a la calle, por eso es que no la vimos salir y en las cámaras tampoco se ve cuando sale —informa sin perder la postura. El teléfono interrumpe lo que voy a decir, contesto de mal humor.

—Hable de una maldita vez —chillo al teléfono.

—Richard, soy yo, Fernando —hablan del otro lado.

—No tengo tiempo para ningún viaje en este momento, tengo otros problemas más importantes —contesto con intención de colgar.

—Espera, se trata de Claudia —la mención de su nombre hace que detenga mi movimiento.

—¿Le sucedió algo, está bien? —interrogo con interés.

—¿Estás seguro de que no sabes nada de lo que sucedió con ella? —cuestiona con desconfianza.

—¿Vas a decirme o no lo que le paso a Claudia? —inquiero subiendo el tono de voz.

—La secuestraron hace unas tres horas —informa, caigo sobre el sillón blanco como una hoja—. Richard, necesito que me digas si tuviste algo que ver en eso —exige.

—¿Estás demente? Yo jamás la lastimaría, el que haya sido un imbécil con ella no quiere decir que haré algo que tente en contra de su vida o su integridad —exclamo fuera de sí, cuelgo sin importarme que más tenga que decir—. Encuentra a mi esposa, secuestro a Claudia —ordeno con determinación.

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