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Obligada A Amarte romance Capítulo 56

Claudia

De nuevo siento que empiezo a despertar, pero por alguna razón esta vez la pesadez de mi cuerpo parece menos pesada, es como si estuviera en el lugar correcto, aunque ni idea donde me encuentro. De nuevo el sonido mecánico de máquinas a mi lado, únicamente que esta vez parecen haberse multiplicado, no hay nadie a mi lado que se esté moviendo y, sin embargo, no me siento sola, es una sensación reconfortante.

Intento muchas veces abrir los ojos, pero mis párpados se mantienen obstinados en no querer obedecer la orden que les doy de abrirse, ¿Por qué si no es igual a la vez anterior me cuesta tanto hacer que mi cuerpo me obedezca? No es la primera vez que me toca ser persistente y aunque en la mayoría de los casos siempre he perdido la batalla, esta vez estoy segura de que será diferente.

Respiro profundamente llenando mis pulmones de oxígeno, siento como la energía empieza a fluir a través de mi cuerpo, como si fuesen ondas que a su paso dejan una sensación de cosquilleo, me concentro y de nuevo intento abrir los ojos, me tomo mi tiempo y lentamente centro todas esas energías en mis párpados hasta que logro abrirlos un poco, el espacio está tenuemente iluminado por ciento de minúsculas luces que destellan de lo que parecen máquinas. Poco a poco recupero la movilidad de mi cuerpo sintiendo la debilidad de mis músculos, ¿Cuánto tiempo he estado en cama?

Al menos sé que sigo viva, que no fue un sueño. Giro la cabeza a un lado y me percato de la cama que está a mi lado, alguien está sobre ella, pero parece dormido, me pregunto quién puede ser.

—¿Richard? ¿Eres tú quien está a mi lado? —pienso.

Tengo la boca seca y la sed empieza a quemarme la garganta, intento decir algo, pero las palabras me raspan al salir en susurros lastimeros, agua quiero agua.

—Buenas noches, señora Claudia —una mujer vestida de enfermera, se para a mi lado luego de que una luz brillante ilumine el espacio.

—Agua —musito apenas audible.

—¿Cómo se siente? —cuestiona al tiempo que escucho como el agua cae dentro del vaso—. Tome solo un sorbo, lleva varios días dormida y puede que le caiga un poco pesada en el estómago —su voz sale como un susurro tranquilizador.

Tomo un pequeño sorbo, humedezco mis labios y la garganta me clama agradecida, tal como dijo, siento algo extraño el estómago cuando el líquido fresco cae en él, supongo que lo tengo vacío y a eso se debe, lo desagradable se eclipsa con el alivio que produce.

—¿Quién está ahí? —pregunto.

—El señor Richard Mobasseri, tengo entendido que es su esposo —contesta con amabilidad—. Vendré en un momento, iré a informar que ha despertado —anuncia y se va luego de revisar varios de los aparatos.

Mi esposo, él nunca fue mi esposo en realidad, pero sería dichosa de ser su mujer. Sin embargo, existe alguien más que nos quiere alejar, aunque no sé qué habrá sucedido, quizás esta presa por lo que nos hizo o tal vez haya muerto cuando nos sacaron de ese lugar que se iba a convertir en nuestra tumba.

—Señora Mobasseri, que alegría que ya haya despertado —exclama una mujer que supongo es la doctora de turno—. Ya su doctor fue informado y estará en poco tiempo con usted, pero por el momento yo me voy a ocupar —informa.

—¿Qué me paso? —inquiero.

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