Claudia
Llamo a gritos a la enfermera para que venga mientras avanzo lo más rápido que puedo hacia donde se encuentra Richard, las lágrimas corren más aprisa a media que lo veo moverse buscándome. Cuando al fin llego a su lado me doy cuenta de que tiene los ojos cerrados y se mueve como si estuviera teniendo una pesadilla, luce vulnerable e indefenso, se me quiebra el alma en diez mil pedazos, de fondo la voz alarmada de la señora Montero pidiendo saber lo que sucede, pero no soy capaz de separarme de su lado.
Tomo su mano y aprieto aplicando un poco de fuerza, deseando que él sienta mi contacto y se calme sabiendo que estoy aquí a su lado, parece un niño perdido en un vasto mundo de soledad en el que yo me convertí en su luz sin saber que fue el quién se convirtió en mi faro, mi salvavidas, se convirtió en todo para mí.
—Aquí estoy, contigo mi amor, siempre estaré a tu lado —susurro.
—Ya le notifiqué al doctor, permítame examinarlo —dice la enfermera cortando el contacto entre él y yo por un momento—. Parece que se estabiliza, su ritmo cardiaco vuelve a la normalidad —informa sin dejar de revisar las distintas máquinas de monitoreo.
—Pero estará bien, ¿Cierto? —interrogo.
—Por supuesto, tiene a su lado la mejor medicina que pueda existir en este mundo —señala con una sonrisa—, tiene amor y mientras lo tenga no habrá nada que lo pueda derrotar, sin importar que tan difícil sea la situación que esté viviendo —concluye al tiempo que el doctor entra seguida de la señora Ángela que se coló sin permiso, alegando que de todos modos a su nieto ya lo iban a cambiar de habitación.
—Doctor, al parecer tuvo un momento de angustia, pero se calmó al sentir a la señora Claudia cerca, seguramente su mente se encuentra reviviendo el episodio dramático que vivió —informa la enfermera dando su punto de vista.
—Es probable, Molly, gracias —dice amable—. ¿Puedes ocuparte de que todo esté listo para llevarlo a una habitación común? —pide y la enfermera asiente antes de salir y empezar a organizar todo para mudarnos a un espacio más cómodo.
—Doctor, ¿Mi nieto va a despertar o seguirá soñando con eso que le causa daño? —cuestiona la señora montero de manera demandante.
—Ya ha empezado a volver a la conciencia, sin embargo, como bien dijo la enfermera, ahora que su mente empieza a tomar el control, es normal que reviva una y otra vez el episodio que lo trajo hasta aquí, sin importar que ya haya despertado por completo dejara de ver esas imágenes en su mente, lo que nos indica un trauma emocional —explica evaluando la condición de Richard—. No obstante, no puedo darle un diagnóstico completo hasta que no pueda conversar con el señor Mobasseri y poder evaluar qué cantidad de daño es el que presenta —concluye.
—¿Cree que se deba a mi culpa? No sé quizás vio que me hicieron algo y él no pudo protegerme, la verdad yo no recuerdo mucho sobre lo que sucedió mientras nos tuvieron atados, es como si mi mente no quisiera que yo recordara algo de lo que sucedió —expreso mientras de nuevo tomo la mano de Richard y entrelazo sus dedos con los míos.
—Primero que todo, es necesario que entienda que usted no es la responsable de lo que les sucedió, los dos fueron víctimas de personas sin escrúpulos ni respeto por la vida —objeta con algo de severidad—. En segundo lugar, es posible que lo hayan expuesto a presenciar algún acto de violencia en contra de su persona, no fue abusada sexualmente, sin embargo, tenía varios golpes y cortes sangrantes en torno a todo su cuerpo. El señor es hombre, y como cualquier hombre siempre querrá defender a la mujer que ama o simplemente querrá defender al inocente, pero en este caso su hombría se vio frustrada, fue imposibilitado y obligado a observar como usted era sometida —dice tomando el lugar de Richard, y dándonos a entender que su orgullo y ego están lastimados por no haber podido defenderme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte