Claudia
Un estremecimiento me recorre desde la punta de los pies hasta la última hebra de cabello cuando la puerta se abre y Hannah aparece en el umbral de la misma mostrando una sonrisa siniestra que hace que la sangre se me hiele con solo verla. Su mirada tan fría como un bloque de hielo y la palidez de su rostro me paralizan de una manera que nunca creí posible, pensé que ya no temería de su presencia ahora que ambas sabemos que somos hermanas, pero tal parece que me equivoque y todo el miedo que me hizo sentir aquel día aparece de nuevo con más fuerza.
No puedo evitar que un ligero temblor agite mis manos, por lo que decido colocarlas detrás de mí espalada para que no las vea, detrás de ella el rostro de Stuart busca transmitirme tranquilidad, sin embargo, en sus ojos veo la advertencia, él al igual que Richard desconfía de mi hermana, pero algo dentro de mí me dice que no me equivoco y que ella puede cambiar con algo de ayuda, fue mal dirigida toda su vida, pero si esta vez hay alguien a su lado que le enseñe el camino correcto estoy segura de que sorprenderá a amas de uno con su cambio.
—No entiendo por qué te empeñas en apelar en mi defensa cuando todo apunta a que merezco el castigo, estoy consciente de que no soy merecedora de tu compasión y mucho menos de tu lástima, no debería dejar todo tirado por una basura como yo —dice sorprendiéndome con su declaración.
—Estabas y sigues estando equivocada, no se trata de si eres o no digna, sino de que todos merecemos una segunda oportunidad, quizás si hubieses sabido desde antes que tú y yo somos hermanas, las cosas tal vez habrían sido distintas —alego viendo como niega con la cabeza.
—Alguien como yo no cambia, quizás pueda adormecer sus instintos por un tiempo, pero estos tarde o temprano predominan y entonces será muy tarde —añade en tono seguro.
Su rostro limpio demuestra cuán segura está de sus palabras, posee una mirada que a simple vista se ve serena, sin embargo, en lo profundo de los orbes se puede apreciar lo agitado de su alma confusa, entiendo perfectamente cómo se siente, yo me siento igual, siento miedo y pena de que por culpa de unos padres irresponsables ella y yo hayamos tenido que llegar hasta este punto, ella no se merecía la vida que le toco vivir y yo no merecía cargar con esa culpa, ¿Por qué no me entregaron a mí? Quizás todo sería distinto, yo no soy tan fuerte y a lo mejor habría muerto hace mucho evitándonos todo este sufrimiento a todos.
—Te equivocas, los seres vivos vivimos en un constante cambio, evolución lo llaman muchos, y tú no eres diferente a los demás, cometiste errores, crimines, atrocidades, pero te aseguro que los que en este momento te señalan tienen las manos tan llenas de sangre como tú, porque habría de confiar en ellos que apenas los conozco y no en ti que eres mi hermana —señalo.
—Porque ellos te han tendido la mano sin conocerte del todo cuando yo he querido matarte a sangre fría —resopla.
—Tienes razón, pero es mi decisión querer que tengamos una oportunidad para volver a empezar juntas, como hermanas y cambiar todo lo que nos ha hecho daño —determino.
Abro los ojos de golpe cuando da dos pasos largos y se acerca a mí tomándome limpiamente del cuello para apretar con fuerza cortando tenuemente el flujo de oxígeno, todo mi cuerpo tiembla de miedo al tiempo que el corazón se me estruja pensando en lo todo lo que me equivoque y en que lastime a Richard por ella. Sin embargo, sigo negándome a creer que ella me hará daño, estoy segura o quiero estarlo de que ella desea tanto como yo, ser familia, ser hermanas y estar juntas de ahora en adelante.
—¿Qué te hace creer que no aprovecharé este momento o cualquier otro para acabar contigo? ¿Por qué te sientes tan segura si no sabes que es lo que pasa por mi mente en este momento? —dice y afloja solo un poco para que pueda llevar oxígeno a mis pulmones—. Las dos somos mujeres y, sin embargo, tengo más fuerza que tú, sé cómo someterte en un abrir y cerrar de ojos, no sé si te has dado cuenta, pero en este momento tengo tu vida en mis manos y muy poco me importa si al salir Richard me mata con sus propias manos, moriría feliz al saber que él tampoco será feliz nunca —declara con un brillo perverso en sus ojos. Siento como si sus palabras fuesen la confesión de lo que piensa hacer y me lleno de terror por haber querido confiar.
Empiezo a boquear de nuevo cuando una vez más empiezo a quedar sin aire en los pulmones y la presión sube a mi cabeza, tengo el cuerpo paralizado por el miedo, empiezo a sentir que no puedo más, que en cualquier momento caeré desmayada a sus pies y me pregunto dónde estarán los chicos, Stuart dijo que estarían vigilando a través de las cámaras.
—Tienes que aprender a defenderte, eres muy débil —dice de pronto y me suelta, toso repetidas veces mientras siento como de nuevo me lleno de vida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte