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Obligada A Amarte romance Capítulo 84

Andrea

Me siento culpable de todo lo que está sucediendo, tuve que haber hablado antes de que todo se saliera de control, si tan solo le hubiese comentado algo a Richard sobre mis sospechas, pero preferí callar e investigar por mi cuenta, ahora la señora Ángela está sufriendo también, desde que encontró a su familia no ha podido disfrutar de ellos como se merece después de tantos años separados, es una injusticia que tenga que volver a pasar por algo así, no saber si volverá a estar sola, porque estoy segura de que Richard no podrá soportar que a Claudia le llegue a suceder algo.

Estoy agotada física y mentalmente, no es solo toda esta situación sino todo lo que acarreo legalmente el cierre del despacho, por suerte la señora Ángela decidió reubicar a los empleados en distintas áreas de su empresa, aunque fue muy difícil, ya que la mayoría son abogados, por suerte algunos prefirieron cobrar su dinero y buscar nuevas oportunidades en otras firmas, de más está decir que la compensación fue bastante generosa, Richard sabía lo que significaba dejar sin empleo a las personas que trabajaban para él, que gracias a Dios no eran demasiadas.

Solo quiero que todo esto se termine pronto, no creo ser capaz de soportar por más tiempo esta situación, de cierto modo entiendo a Claudia, nunca tuvo una familia real, un núcleo familiar unido y lleno de amor, pero también es cierto que fue muy testaruda en no querer escuchar la voz de todos, alguien inteligente no ignora tan fácilmente la opinión de más de cinco personas que coinciden en lo mismo, en fin, existen cosas infinitas en este mundo y la estupidez mental de Claudia es una de ellas, no hay mucho que se pueda hacer para contrarrestar ese mal.

—Andrea, ¿Qué te ha dicho tu amigo? —la señora Ángela cada día se ve más decaída, no creo que haya sido buena idea enterarla de lo que planean hacer para capturar a Hannah utilizando a Claudia, eso lo único que hizo fue afectarla más, todo su temple y carácter se ha ido a las alcantarillas.

—Todo sigue igual, continúan esperando a que haga algo que los delate, los padres de Claudia han desaparecido del mapa, los chicos no saben dónde se encuentran, pero mantiene vigilada a Hannah a toda hora —comento, yo tampoco debería contribuir a su malestar, pero es tan perspicaz que sabe reconocer cuando le miento.

Espero que Stuart no se equivoque, porque un solo error y no solo perderíamos a Claudia, sino que Richard y su abuela se irían con ella, amo mucho a mi novio, pero jamás le perdonaría que por jugar al héroe del mundo… no soy capaz ni siquiera de pronunciar mentalmente esas palabras, la abuela de Richard toma asiento, luce cansada, ojerosa, se nota la falta de sueño y lo agobiada que se encuentra, la comprendo imagino cómo se siente y me gustaría poder tener algún poder especial con el que pueda cambiar todo lo que sucede, he aprendido a tenerle cariño y me dolería mucho que la tristeza sea tanta que no la pueda soportar.

Hannah

Mi querido padre me ha demostrado ser tremenda joyita, ni en mil vidas me hubiese imaginado que un hombre tan débil como él tendría las agallas suficientes para mancharse las manos de sangre, se deshizo de su amada esposa para no tener que compartir las ganancias con ella, pobre imbécil ni se imagina que a la hora del té, él tampoco estará con vida para disfrutar ni de un solo centavo, lo único que logro con eso fue ahorrarme trabajo y facilitarme las cosas estoy segura de que Frank lo eliminara una vez le haya dado el mensaje que le envié y tenga mi ubicación.

Muero por verlo llegar por mí arrasando con todo a su paso incluyendo a esos malditos que me tuvieron encerrada, le voy a pedir que ponga en bandeja de plata a Richard de él me quiero encargar yo personalmente, aunque será una lástima que no pueda presenciar la muerte de su adorada Claudia, esa maldita perra cada día me obstina más, ya no soporto ver su cara de mosca muerta deambular por toda mi casa, ahora se la pasa quejándose de que no sale para ninguna parte, que la mantengo encerrada mientras yo estoy en la calle, no sé cómo hizo para darse cuenta de mis salidas.

—Hannah, ¿Estás en tu cuarto? Sal que necesito que hablemos —no puedo tener ni siquiera un minuto de paz, sin tener que escuchar su chillona voz.

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