Stuart
Tenemos que tener todo listo para actuar sin perder tiempo cuando el momento llegue, hasta que Frank Greco no haga acto de presencia, no podremos hacer nada, sin embargo, es mi deber y de Maxwell velar por la seguridad de Claudia, no podemos dejar que le suceda nada porque si no entonces tenemos que responderla a Richard y estoy seguro de que ni con nuestra muerte le será suficiente.
Por suerte Claudia todavía tiene en su cuerpo el chip sensorial con la nanotecnología, no se ha dado cuenta de que en su sistema tiene un escudo que actúa por sí solo en pos de protegerla, eso aunque significa una ventaja para nosotros no quieres decir que podemos dormirnos en los laureles así como así, hemos estado buscando por nuestra cuenta la ubicación de ese sujeto, pero el muy maldito sabe cómo ocultar su huella, no obstante, jugar al gato y al ratón nos ha servido para destruir varias de sus bases sin que se entere de donde vino el ataque.
—¿Qué has encontrado? —pregunta Maxwell interrumpiendo mi hora de esparcimiento.
—Nada importante, el hijo de perra está muy escondido —contesto sin despegar la mirada de mi computadora.
—¿Qué estás haciendo que estás tan concentrado? —pregunta de nuevo, pero en vez de responder solo me sonrío, por lo que se acerca por detrás y se fija en la pantalla.
Gracias a los drones estoy destruyendo un nuevo campamento que encontré muy lejos de donde estamos, por suerte solo se ocupan de las drogas en este lugar, por lo que puedo lanzar un ataque sin temor de herir a las posibles víctimas, aunque no dudo que tengan unas cuantas mujeres con ellos para diversión interna, sin embargo, los daños colaterales siempre existen en toda guerra. Me divierte ver como los que todavía pueden huir corriendo lo hacen sin seguir ningún rumbo fijo y solo corren por instinto creyendo que se van a salvar.
—Estás demente, aunque confieso que se ve mejor que jugar al PlayStation —masculla interesado.
—Toma, puedes terminar de destruir lo que queda, ya me duelen los dedos de tanto pulsar botones —Le paso la laptop para que continúe y la toma sin dudar para llevarla hasta la mesa.
Observo como se acomoda, se suena los dedos de ambas manos como preparándose para una maratón y empieza a sortear los dedos de una tecla a la otra, tiene razón, somos unos malditos desquiciados, pero a menos no estamos asesinando a ningún inocente, todas esas personas son la escoria de la humanidad y nosotros nos estamos encargando de limpiar al mundo, es decir, realizamos un servicio altruista y desinteresado por nuestra comunidad.
—Iré a descansar un rato, por cierto ¿Qué hay de Hannah? —pregunto.
—Moviéndose, ya compro un arma —dice restándole importancia.
—Supongo que algo hiciste, porque para que lo digas de esa forma como diera igual que tenga o no un arma —señalo algo confuso, tiene un arma, eso significa que en cualquier momento la puede usar aunque no le sirva de mucho realmente.
—Exacto, da igual que la tenga o no —contesta sin añadir nada más.
—Espero que sepas lo que haces —digo y me retiro a mi cuarto.

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