Richard
Por exigencia del doctor hemos traído a Claudia a un hospital con cuidado de que su pie no sufriera muchos movimientos, el doctor improviso un entablillado en lo que llagábamos. Necesitan realizar rayos X para saber exactamente la magnitud de lo que supone el doctor es un esguince, además de revisar con mayor detalle las abolladuras y aruños en el cuerpo de mi esposa. Creo que piensa que teniéndome en su terreno tiene más ventaja sobre mí, pobre imbécil, aunque necesario en este momento por el bienestar de esa pobre mujer tonta.
Dos horas después el doctor me informa que efectivamente los daños en el cuerpo de mi esposa fueron ocasionados por ramas y por una caída, la fiebre no es para preocuparse debido a que por haber estado expuesta al frío de la noche cogió un resfriado nada más sencillo, por ahora la tienen medicada para evitar la infección en las distintas pequeñas heridas, ahora debido a la caída el hueso del tobillo de mi esposa se astilló por lo que tendrá que usar una Férula por al menos cinco semanas. Eso visiblemente frustrará sus intentos de escape en el futuro, que por cierto ahora es la nueva dirección que llevan las especulaciones el doctor.
—Señora Clara, necesitaré que le traiga un cambio de ropa a la señora Mobasseri —pido con el teléfono pegado a la oreja.
—Como ordene, señor, ¿Necesita algo más? —pregunta con interés.
—Por el momento solo eso —contesto pensando en que sería excelente si ella se pudiese quedar a esperar que la den de alta, empero, es mi deber como su esposo, además de que no se vería bien ante los demás que después de haber dicho lo enamorado que estamos simplemente la deje sola en el hospital.
—Entonces lo veo una hora, señor —dice y corta la llamada.
Tengo que llamar a Andrea para informarle sobre lo sucedido y pedirle que se encargue del despacho por los próximos días, además de aplazar la reunión para otro día, necesito hablar con Claudia O’Brian sobre nuestro matrimonio y llegar a un acuerdo de paz que nos beneficie a ambos, no quiero crear falsas esperanzas en ella ni mucho menos hacerle la vida miserable. Por poco olvido mi reunión con la señora Montero, tendré que pedirle a Andrea que se comunique con ella y le explique la situación.
Espero pueda comprender y acepte recibirme cuando la situación de mi esposa mejore, ella debe saber que soy su nieto, que es la única familia que tengo en este momento, porque la hija de O’Brian, a pesar de ser mi esposa, nunca será mi familia realmente, sus ojos me revelan cuanto me odia aunque también me demuestra cuanto le afecta mi presencia.
El doctor aparece una vez más acompañado de una enfermera y me anuncia que ya puedo pasar a ver a mi esposa, que se encuentra dormida. Me indica la habitación y sin querer perder más tiempo con sus estupideces me dirijo a ver a Claudia. Entro al cuarto sin tocar y la encuentro a ella profundamente dormida, de su brazo sale una vía conectada a una solución y de su dedo pende un dispositivo que monitorea sus pulsaciones.
Parece tener un sueño tranquilo debido a su respiración compasada, me siento en una silla que hay al lado de la cama meditando en las circunstancias que nos llevaron a estar juntos.
—Es curioso como los azares del destino cruzaron nuestros caminos —digo sabiendo que no tendré respuesta alguna—. Quién sabe dónde estarías en este momento de no haber sido yo quien pagara por ti, sí, sé que suena horrible, pero es la verdad. A pesar de ese odio que veo en tus ojos me siento feliz de haberte salvado de un fin atroz, seguramente, ¿Sabes? Tu padre estaba dispuesto a venderte a quien fuese con tal de no perder su posición económica, supongo que el dinero y la clase social valen más que el amor que pueda sentir por su propia hija —digo recordando las facciones desfiguradas de un hombre que se sabe perdido y aun así agota todos sus recursos—. Aunque ahora que recuerdo, el desprecio hacia ti era evidente en cada palabra, a pesar de alabar que todavía te mantienes virgen, que sumado a tu belleza natural debía aumentar tu valor, sería muy cruel, de mi parte decirte todo estoy y descubrir ante tus ojos la calaña de familia que tienes, pero, es necesario para que comprendas —suspiro ruidosamente, a cuántos de esos mal nacidos no he tenido que refundir en la prisión y ahora yo mismo he sido cómplice en un acto tan vil dándome a mí mismo la excusa del altruismo.
Me incorporo esperando que reaccione cuando un pequeño estremecimiento de su cuerpo hace que su mano se mueva. Sin embargo, sigue igual, solo un suspiro sale de sus labios levemente separados.
—Jamás imaginé que eras tan hermosa ni mucho menos que tu cara traería a mi mente, tantos recuerdos dolorosos de ella, de Hannah, son tan parecidas físicamente y tan distintas en su desenvolver. Ella era explosiva, impulsiva, nunca se estaba quieta y con todo eso, no me di cuenta cuando fue que ya no sonreía como antes ni cuando conoció a alguien más, en cambio, tú, eres temperamental, te dejas llevar por las emociones y detrás de tu mirada se refleja una inmensa tristeza que me gustaría borrar —las palabras se me atoran en la garganta agolpándose en mi pecho—. Quizás estoy loco, por querer hacer algo que va en contra de mi personalidad, no soy el tipo de hombre que se ocupa de pequeñeces, no desde que el aguijón de su traición me enveneno el corazón de tristeza —unos golpes en la puerta me sacan del monólogo en el que me confieso ante ella como un mortal herido en lo más profundo.
—Pase adelante —digo poniéndome de pie.
—Señor, traje lo que me pidió —dice la señora Clara entrando a la habitación—, también le traje algo de comer —informa.
—Gracias, pero no me apetece comer nada por ahora —contesto amable.
—Debería al menos ir a descansar, falta poco para que amanezca, yo me quedo con la señora —ofrece, pero la verdad no quiero separarme de ella.
Es algo más fuerte que yo lo que me hace querer estar aquí a su lado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte