Stuart
No me parece buena idea haber traído a dos de las mujeres, pero sus maridos insisten en que son as mejores y que muy difícilmente represente un problema para nosotros, eso espero porque les deje bien claro que no voy a arriesgar mi vida por alguien que se cree indestructible solo por saber disparar un arma, reconozco que son buenas en combate, rápidas y ágiles, pero nunca han estado en acción, no es que las quiera subestimar o hacer menos por ser mujeres, pero esta es la realidad y si te matan no hay poder en el mundo que te haga volver a la vida.
En fin, vamos en el avión de Alexander, cortesía de su esposa, siguiendo el rastreador que llevan cada uno, seguramente se confiaron porque al revisarlos no encontraron nada en sus cuerpos, me rio mentalmente pensando en lo maldito hijo de perra que soy, pero esta es la actitud que me ha hecho llegar hasta donde estoy, indetectable, con mucho dinero, uno de los mejores en lo que hago por no decir que el mejor, no puedo quitarle méritos a mis amigos que hacen su mejor esfuerzo.
—¿De qué te ríes? —cuestiona Maxwell mientras hackeo el servido del control aéreo y de ese modo evitar que nos vean volar.
—De que soy el mejor de todos nosotros, pero prefiero no decir nada, ya que ustedes no están listos para esa discusión —argumento alzando la voz para que todos me escuchen.
—Solo porque sabes usar mejor una computadora, no eres mejor que los demás, te recuerdo que en toda tu vida no has podido derrumbar a Tom en pelea, Esteban y yo te hemos aniquilado en prácticas de supervivencia, asalto y camuflaje, Maxwell es el maldito que te hacheo tu sistema anti hackeo en menos de un minuto y Zack, bueno él nos ha ganado a todos bajando bragas —subraya Rogert enarcando una ceja, sin embargo, todos nos echamos a reír a carcajadas por las virtudes de Zack.
—No tengo la culpa que ustedes sean unos malditos perros sin suerte y que aprovecharon a la primera oportunidad que se les presentó, porque si no iban a empezar a sortearse entre ustedes mismo quien sería la mujer de quien —se defiende Zack en ese tono de indiferencia tan característico de él—. En cambio, a mí me llueven las mujeres a granel, tengo la suerte de poder escoger con quien pasar la noche, por cierto, les exijo que seamos rápidos en esto, necesito descansar un poco antes de mi siguiente compromiso —concluye como si fuese el Zar de Rusia.
—Dudo mucho que te lluevan las mujeres, sobre todo después de como vimos tu derrota delante de la hermana de Hannah, si así son todas tus actuaciones me temo que tu pistola no tiene un muy buen desempeño —comento en burla.
—¡Mi pistolita funciona a la perfección! —exclama.
—Mejor cállate Zack, lo único que logras es hundirte más cada vez que abres la boca —interviene Maxwell—. Nos acabas de revelar algo muy íntimo, ¿Cómo demonios se te ocurre decirnos que es una miniatura lo que tienes en medio de las piernas? Tendré pesadillas de seguro —señala.
—No es ninguna miniatura, son quince centímetros bien formados —dice con orgullo.
—Siempre quise saber que tanto hablaban los hombres y que tan interesante podría llegar a ser escuchar una conversación masculina, pero qué pérdida de tiempo —bufa Mary desde uno de los asientos.
—¿Qué tanto se puede esperar del funcionamiento de media neurona? —cuestiona irónica Yxora.
—No mucho en realidad, querida —suspira Mary de nuevo en un tono de decepción.
—Por qué hablar de ropa, revistas y hombres es mucho más interesante, seguramente —replica Esteban con sarcasmo.
—Al menos no hablamos de medidas, sino de funcionalidad —fórmula Yxora clavando los ojos en su esposo—. Y yo que tú, querido, cerraba la boca —destaca haciendo que a Esteban se le suban los colores a la cabeza.

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