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Obligada A Amarte romance Capítulo 90

Richard

Una serie de detonaciones en el exterior nos alerta sobre los intrusos, cada uno toma una posición de defensa y se hace de un arma esperando a que entren, la única ventaja que tenemos sobre ellos son las cámaras de seguridad, no obstante, la idea es dejarnos capturar. Luego de veinte minutos en los que su misión se vio truncada somos llevados por los hombres de Greco que nos superaron en número además de haber eliminado el contacto visual que manteníamos sobre ellos al darse cuenta, tal como dijo Stuart, no supieron a quién eliminar, aunque estando es su lugar habría matado a todo el que estuviera presente, pero como ellos son simples peones que no poseen pensamiento propio y únicamente obedecen órdenes, la guarida de los chicos quedo totalmente destrozada, no creo que les sirva de mucho de ahora en adelante, aparte que la descubrieron ya no representa ningún tipo de seguridad para ellos. Ahora me encuentro junto a Alex y a Fernando en un vehículo con la cabeza cubierta con un saco mientras nos llevan a otro sitio, no me importa lo que suceda conmigo mientras Claudia se encuentre bien.

Espero hayan podido sacarla de allí y que Hannah esté muerta de una vez por todas, no es lo que les pedí a los chicos, pero no soy imbécil y sé perfectamente que buscaran la manera de eliminarla sin verse involucrados. No es que me importe mucho en realidad, pero espero que Claudia no tenga que presenciar ninguna situación traumatizante, ya es bastante fuerte que tenga que volver a pasar por este tipo de evento. De pronto siento que el auto disminuye la velocidad y da unas cuantas vueltas, el sonido del tráfico ha desaparecido, imagino que hemos entrado en una carretera solitaria, sin embargo, el auto se detiene por completo un par de minutos después y escucho como empiezan a bajar.

—Bajen —indican antes de cogerme del brazo y empujarme hacia fuera, bajo, con algo de problemas al no poder—. Espero les gusten los aviones —anuncia en medio de una carcajada.

—¿A dónde piensan llevarnos? —pregunta Alexander, medio hostil seguido de un bufido de dolor a causa de lo que supongo fue un golpe.

—Eso es algo que no debería importarte maldita cucaracha —profiere uno de los tipos al tiempo que somos llevados a empujones y trompicones hasta la escalera de embarque.

Subimos escalón por escalón y en mi pensamiento solamente tengo la imagen de Claudia sonriéndome, es lo que me mantiene con fuerza y firme, y le pido a lo más sagrado de este universo que ella esté bien, yo no importo aunque no me gustaría cargar con la muerte de mis amigos en la conciencia, no podría descansar en paz sabiendo que dos mujeres quedaron viudas porque sus esposos decidieron ser un señuelo junto a mí.

—No te preocupes, en el momento justo atacaremos —murmura Fernando a mi lado.

Emite un sonido indicando que haga silencio cuando le digo que no entiendo a lo que se refiere, como que atacar, cuando nos atraparon nos revisaron para asegurarse de que no traíamos armas, a menos que se crean, el hombre de acero no veo como puedan hacerle frente a las balas.

—Señor, estamos listos para despegar —informa uno de los sujetos.

—¿Los trajeron a los tres? —pregunta.

—Sí, pero perdimos a muchos hombres, estos malditos nos recibieron con explosivos —contesta.

—Ninguno de ellos es el que quería, todo fue una emboscada, pero de algo nos pueden servir. ¿Los revisaron? —inquiere.

—Sí, están limpios ¿Cómo está tan seguro de que ninguno de ellos es el tal Stuart? —increpa el que supongo es el segundo.

—Por qué lo tuve en frente a punto de matarme, me gustaría tratar de convencerlo para que trabaje para mí es muy bueno en lo que hace y sería de mucha utilidad, sin embargo, si no acepta tendré que eliminarlo definitivamente —dice y da la orden de despegar.

—No me parece que sea buena idea, seño, ese hombre puede traicionarlo —increpa el segundo.

—No eres quien da las órdenes ¿O sí? —el tono amenazante que utiliza da por finalizada la conversación.

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