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Obligada A Amarte romance Capítulo 93

Stuart

Distintos métodos de tortura le he aplicado al cuerpo de Greco acompañados de inyecciones de adrenalina y de otras sustancias que lo mantienen con vida, no deseo que muera no todavía, jure que vengaría cada lágrima derramada por mi hermana, cada día en sus malditas manos, cada trauma y todo el proceso psicológico por el que tuvo que pasar para volver a estar bien.

Estoy seguro de que ella jamás olvidará lo que vivió en esos días que estuvo a merced de hombres sin escrúpulos gracias al negocio que esté mal nacido llevaba a cabo.

—¿Es todo lo que tienes? Me das lástima con tu absurdo concepto de tortura —escupe en burla al tiempo que un gran buche de sangre sale de su boca—. Tal vez las señoritas sepan mejor que tú cómo hacer el trabajo, se ven mucho más listas y sádicas —señala.

Desde hace mucho rato que no puedo dejar de ver con el rabillo del ojo la forma tan perversa en la que los ojos de Yxora y Mary brillan, sobre todo cuando su mirada se desvía a los distintos instrumentos sobre la mesa. He utilizado algunos, sin embargo, los más sádicos y morbosos siguen a la espera de que les dé una oportunidad.

—Me gustaría intentar, después de todo soy mujer y es en contra de las mujeres que él comete sus crímenes —interviene Yxora.

—Si ella participa, yo también lo haré —objeta Mary.

Miro a mis amigos buscando la aprobación o reprobación en sus gestos, pero únicamente se sonríen a la espera de ver cómo las chicas cobran venganza por todas las mujeres que han pasado por sus manos. Regreso la vista hacia ellas y sin decir ni una sola palabra me aparto y levanto las manos en señal de que apoyó la iniciativa.

Sonrío al ver que Mary toma una pera metálica de la mesa y la observa con curiosidad, estoy seguro de que la clase sobre tortura es la única que Tom no le ha dado durante todo su entrenamiento, no obstante, puedo apostar a qué es una mujer bastante lista, sus ojos de nuevo destellan en malicia cuando oprime el botón del mecanismo oculto y la pera se convierte en una especie de piña con espinas alrededor.

—Por supuesto querida —asegura Yxora a ante su pregunta silenciosa—. Te voy a enseñar unos cuantos truquitos que tengo debajo de la manga —anuncia.

Tom y Esteban le ayudan a llevarlo a una mesa metálica y lo suben dejándolo de rodillas, aseguran las rodillas a la mesa con las correas de cuero y de su cuello pende un collar el cual se ajusta a una cadena que pasa por sobre la viga del techo. Lo dejan en posición de cuatro con las manos apenas rozando la superficie metálica, en su cuello dos cuerdas que halan de él una hacia adelante y la otra hacia arriba.

Como si se comunicaran mentalmente, Mary e Yxora empiezan por quitar a tirones la ropa que cubre el cuerpo de Greco sin ni siquiera tener consideración por los golpes que ya el hombre ha recibido con anterioridad, en algunas partes tienen que ayudarse del cuchillo de cacería que cada una lleva haciendo grandes cortes en la carne.

—Te gusta hacerlas gritar de dolor, te gusta oír que te suplican piedad a gritos mientras las abusas sin compasión, te encanta sentir que tienes el derecho de hacer eso y más ¿Cierto? —comienza diciendo Yxora mientras Mary se posiciona en el trasero del hombre sosteniendo un bate.

Siento que me duele la hombría de solo imaginar lo que harán entre las dos y me niego a formarme en la mente la imagen de dos mujeres tan sádicas como cualquier otro Frank Greco en el mundo.

—Contesta lo que te pregunté —exige al tiempo que le da un golpe en el rostro.

—Sabes la respuesta mejor que yo porque a ti también te excita infligir dolor mientras follas, ¿O me dirás qué no tengo la razón? Eres tanto o más sádica que yo, nada más que tú te escondes detrás de la sociedad, en cambio, yo acepto lo que soy y lo vivo a mi manera —alega Greco con risa mientras el rostro de Yxora se transforma.

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