Capítulo 10
- En eso coincidimos, madre -admitió Alexander -. Yo también lo había olvidado. O al menos, lo había archivado en un cajón mental. Pero mi matrimonio lleva diez años vigente. Los papeles no mienten.
- ¡Por favor! -Eleonor agitó la mano con desdén -. Ese cuento hazle a tu tío Roberto y a tu primo Rodrigo, que están desesperados buscando una falla legal. Pero a mí no. Soy tu madre.
Eleonor rodeó el escritorio y se paró junto a él, bajando la voz.
-¿En serio es la misma mujer? -preguntó, con genuina incredulidad--. Me habías dicho, hace diez años, cuando tuviste que explicar el acta de matrimonio para evitar el escándalo, que era una jovencita sin recursos. Una huerfanita asustada que te cruzaste por ahí y a la que le hiciste un favor.
Alexander recordó vagamente haberle dado esa versión edulcorada a su madre para que no hiciera preguntas.
- Así fue.
- Pues la mujer que vi hoy en el hospital no se parece en nada a esa descripción -sentenció Eleonor-. Esa mujer entró con la cabeza alta.
Tenía un traje de lino que, aunque no era de alta costura, le quedaba impecable. Tenía carácter, Alexander. La forma en que miró a Rodrigo... casi me dieron ganas de aplaudirle. Esa mujer no es una ratoncita asustada.
Alexander sintió una punzada de orgullo involuntario.
- El tiempo pasa para todos, madre. Lucía ha madurado. Creo que es la misma mujer, aunque...
-Se detuvo. No podía admitir ante su madre que él también tenía dudas sobre quién era Lucía hoy en día-. Sí, es ella.
-¿Crees? -Eleonor lo miró con sospecha-.
Alexander, más te vale que sea ella. Tu abuelo va a pedir pruebas. Recuerdos. Fotos. -De repente, Eleonor se llevó la mano a la boca-. ¡Dios mío! No nos sacamos ni una foto el día de la boda, ¿verdad? Fue una ceremonia civil clandestina a medianoche.
- No -admitió Alexander, dándose cuenta del enorme agujero en su coartada-. Ahora me doy cuenta de que fue un error.
- Un error garrafal. -Eleonor empezó a caminar de un lado a otro-. Tu abuelo va a pedir ver el álbum de bodas. Va a querer ver fotos de las vacaciones, de los cumpleaños... ¿Cómo vas a explicar diez años de vacío visual?
- Improvisaré. Diré que perdimos los archivos digitales, o que somos una pareja que prefiere vivir el momento y no documentarlo. -Alexander sabía que sonaba débil.
- Tu abuelo no es estúpido, Alexander. Pero bueno, eso lo solucionaremos después. Lo urgente es ahora.
- ¿Qué pasa ahora?
- Esta noche -dijo Eleonor, deteniéndose y mirándolo fijamente-. Augusto se dio el alta él solito.
-¿Qué?-Alexander se puso de pie de un salto-.
¿Los médicos lo permitieron?
-¿Tú crees que alguien puede detener a Augusto De la Vega cuando se le mete algo en la cabeza?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.