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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 304

Capítulo 304

CAPÍTULO 220

La ciudad costera los recibió con una brisa cálida y el aroma salado del mar abierto.

Aparcaron el deportivo frentea un complejo industrial de aspecto moderno, pero carente de la ostentación de la matriz. Mateo se ajustó la chaqueta sobre los hombros, todavía adoloridos, y le sonrió a Samanta, que lo esperaba en el asiento del copiloto con las gafas de sol puestas y una expresión relajada.

- Dame cinco minutos -dijo él, inclinándose para darle un beso rápido- Entro, salvo la división sur de la empresa y salgo.

- Te estaré midiendo el tiempo, Director-bromeó ella, devolviéndole la sonrisa.

La tarea que tenía que hacer Mateo era realmente muy sencilla. Ridículamente sencilla, de hecho.

Solo tenía que llevar una copia en papel de un contrato de extensión de concesión de aguas para que el gerente local, un hombre mayor y de la vieja guardia, estampara su firma física.

Cuando Mateo entró a las oficinas de la planta desalinizadora, el revuelo fue inmediato. EI gerente, el señor Álvarez, casi se atraganta con su café al ver al Director Global de Sustentabilidad en persona caminando por su pasillo.

- ¡Señor de la Vega! -exclamó Álvarez, saliendo de su despacho a tropezones-Qué honor. Pero...

nos sorprendemos de verlo en persona. Creíamos que la señorita, su secretaria, se presentaría como es habitual.

Mateo le tendió la carpeta de cuero con una amabilidad que el gerente no esperaba del alto mando.

- Quería sorprenderlos y conocer el lugar - respondió Mateo, manteniendo su tono casual sin quitarse las gafas de sol- Solo necesito su firma en la página tres y en el anexo В.

Álvarez firmó rápidamente, aún perplejo por la visita relámpago del heredero, quien lucía un parche en la ceja y un hematoma que aun con las gafas era visible.

A Mateo eso no le importaba. No le importaban las miradas de los empleados ni el protocolo. Tomó el documento firmado, agradeció la gestión con un apretón de manos y salió del edificio antes de que le ofrecieran un recorrido por las instalaciones.

Regresó al coche y tiró la carpeta en el asiento trasero con el descuido de quien lanza una revista vieja.

- Misión cumplida -anunció, subiéndose y encendiendo el motor- VegaCorp está a salvo un día más. Y yo he cumplido mi deber filial y corporativo. Ahora, mi tiempo es exclusivamente tuyo.

Samanta lo miró, divertida por su actitud de fugitivo exitoso.

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