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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 9

Capítulo 9

CAPÍTULO 8

Alexander de la Vega entró en su oficina, se aflojó el nudo de la corbata y arrojó el saco de su traje sobre uno de los sofás de cuero italiano, ignorando a su secretaria, que intentaba recitarle la agenda del día.

- Cancela todo hasta el mediodía -ordenó sin detenerse-. Y que Damián venga a mi oficina.

Ahora.

Se sirvió un café negro, fuerte y amargo, mientras se paraba frente al inmenso ventanal que dominaba la ciudad. Lucía Flores estaba operando a un perro, ajena a la tormenta que él estaba a punto de desatar sobre su vida.

La imagen de ella en el espejo retrovisor, desafiante, con los ojos verdes brillando de indignación y seguridad, se repetía en su mente.

<<No voy a compartir cama contigo».

Alexander apretó la taza de porcelana. Durante diez años, Lucía había sido un nombre en un papel, una firma en un cheque mensual, una solución legal a un problema de herencia. Había asumido que era una mujer gris, sumisa, agradecida por las migajas de su fortuna. Pero la mujer que lo había echado de su clínica y que había encantado a su abuelo en cinco minutos no tenía nada de gris. Era vibrante. Era peligrosa.

Y, de repente, Alexander sintió una curiosidad voraz, casi dolorosa. Una necesidad imperiosa de saber quién demonios era la mujer que llevaba su apellido.

La puerta se abrió y Damián entró, cerrando con discreción tras de sí.

-¿Me llamó, señor?

Alexander se giró lentamente.

- Siéntate, Damián. Tenemos trabajo. Y no hablo de la fusión con los japoneses.

El jefe de seguridad se sentó, sacando una libreta pequeña, aunque su rostro permaneció impasible.

- Lo escucho.

-Quiero que averigües todo sobre ella -dijo Alexander, y su voz tenía un matiz oscuro, posesivo-. Todo sobre Lucía.

Damián alzó una ceja, imperceptiblemente.

-¿Todo, señor? Ya le entregué los informes financieros básicos esta mañana.

- No me refiero a eso. Quiero saber qué hace cuando no está cortando perros por la mitad.

Quiero saber quiénes son sus amigos, qué lugares frecuenta, qué lee, qué come. -Alexander empezó a caminar por la oficina, impulsado por una energía nerviosa-. Recuerdo vagamente que no tenía familia, que era huérfana. Pero eso fue hace una década. La gente cambia. La gente... se relaciona.

Se detuvo frente a Damián, apoyando las manos en el escritorio.

- Quiero saber con quién sale.

Damián parpadeó.

Parezco un empresario respetable y soy un tiburón como el resto de mi familia. Investiga, Damián.

Quiero un reporte completo antes de...

Antes de que pudiera terminar la frase, la puerta de la oficina se abrió de golpe, golpeando contra el tope de la pared con un estruendo que hizo saltar a la secretaria que venía corriendo detrás.

- ¡Señora De la Vega, no puede entrar así! - chillaba la pobre chica.

Pero Eleonor de la Vega ya estaba dentro, vestida con un traje Chanel gris perla y una expresión que mezclaba la indignación con la urgencia. Con un gesto de la mano, despidió a la secretaria y a Damián.

- Fuera. Necesito hablar con mi hijo. A solas.

Damián miró a Alexander, quien asintió levemente con la cabeza. El guardaespaldas se retiró, cerrando la puerta y dejando a madre e hijo en un silencio tenso.

- Madre, buenos días -dijo Alexander, recuperando su máscara de frialdad y sentándose tras su escritorio-. Qué raro tenerte en mi oficina antes del almuerzo. Usualmente estás en el club de jardinería o torturando a tu modista.

- Alexander, déjate de formalidades y sarcasmos baratos -espetó Eleonor, acercándose al escritorio y golpeando la superficie con su bolso de piel de cocodrilo-. ¿Me puedes explicar de dónde salió esa mujer?

Alexander suspiró, recostándose en su silla giratoria.

-¿Qué mujer, madre? Sé más específica.

- ¡Tú sabes perfectamente de quién hablo! - Eleonor abrió los ojos desmesuradamente-. De tu... esposa. De Lucía. Sabes que me había olvidado por completo que eras un hombre casado. Para mí, y para tu padre, ese matrimonio era un trámite legal difuso, algo que pasó hace años y que esperábamos que se disolviera en silencio.

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