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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 101

Capítulo 101

- Es un contrato, Alina.

- Al principio sí. Pero ahora... -Alina la miró fijamente-. ¿Te darías una oportunidad con Alexander? Si no fuera por el miedo...¿te gusta?

Lucía abrió la boca para negar, para decir que era imposible, pero las palabras se le atascaron. Pensó en la noche anterior, trabajando juntos. Pensó en cómo la defendió de la prensa. Pensó en cómo se veía durmiendo a su lado.

- No lo conozco -respondió finalmente, evasiva -. Creo que me gusta la idea de él. Pero la realidad es complicada.

- ¿Qué tan complicada?

Lucía se quedó pensando, mirando un punto fijo en la pared. Sabía cuál era el verdadero muro entre ellos. No era el dinero. No era Fernando.

- Sabes cuál es el problema, Alina... -susurró Lucía, y su voz se llenó de tristeza-. Alexander no quierea los niños.

Alina suspiró. Ese era el punto de quiebre.

- ¿Te lo dijo?

- Me lo dijo a la cara. Y se lo dijo a Mateo. "Por supuesto que no". Esas fueron sus palabras cuando Mateo le preguntó si sería su papá. Fue instintivo, Alina. Le salió del alma rechazar la idea. No le gustan los niños, no quiere ser padre y mucho menos quiere cargar con hijos ajenos que vienen con traumas.

Lucía se abrazó a sí misma.

- Y yo no imagino mi vida sin ellos. Mateo y Sofía son mi prioridad. Si tengo que elegir entre el hombre más guapo y rico del mundo y esos dos pequeños... elijo a mis niños mil veces.

- ¿Y si cambiara? -preguntó Alina-. ¿Y si los llegara a conquistar?

Lucía soltó una risa triste.

-¿Alexander conquistando a dos niños? Alina, el hombre cree que los niños se apagan con un botón cuando hacen ruido. No tiene paciencia.

En ese momento, la puerta del cuarto de almacenamiento se abrió de golpе, sobresaltándolas a ambas.

Luis entró, con el ceño fruncido y buscando algo en los estantes con brusquedad.

- No lo sé, Luis -admitió ella con sinceridadNo sé cuánto tiempo le durará el interés en la clínica. Supongo que cuando se aburra o cuando la empresa demande más tiempo, dejará de venir tanto.

- ¿Supongo? -Luis dio un paso adelante-. Lucía, sé honesta conmigo. Ni siquiera sé... ¿ese hombre es dueño o no de esta clínica?

La pregunta la tomó por sorpresa.

- ¿Qué?

- Él lo insinuó el otro día -dijo Luis, con amargura-. Dijo soy el esposo, como si eso significara soy el dueño. Y tú dijiste que la casa te la dio él. Legalmente... ¿esto es tuyo o de él? Porque si es de él, prefiero saberlo ahora para ir buscando otro trabajo. No quiero trabajar para un tipo que nos mira por encima del hombro - La clínica es mía, Luis -aseguró Lucía con vehemencia-. La propiedad está a mi nombre. El préstamo está a mi nombre. Él no tiene ninguna participación aquí.

- Legal, quizás no. Pero emocionalmente... parece que ya compró las acciones mayoritarias Luis salió del cuarto dando un portazo, dejándolas solas de nuevo.

Alina silbó por lo bajo.

- Vaya. Alguien está marcando territorio. Tienes a dos hombres peleando por ti, y tú pensando en adoptar niños.

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