Capítulo 100
CAPÍTULO 54
- De la noche a la mañana -dijo Alina, rompiendo el silencio rítmico del acomodo de cajas-, ahora no se te despega.
Lucía se detuvo con una caja en la mano.
- ¿Quién?
- ¿Quién va a ser? Tu marido, el magnate. -Alina soltó una risa incrédula, pasándole otra planilla-.
No te escribió ni una vez en diez años, Lucía. Ni una tarjeta de Navidad, ni un mensaje de humo. Y ahora, de repente, parece tu sombra. No logro tener un momento a solas contigo sin que él aparezca con comida, con contratos o con esa mirada de ella es mía que le lanza a todo el mundo.
Lucía bajó del taburete y se sacudió el polvo de los pantalones.
- Está... involucrado. Se siente responsable porque ahora soy la presidenta de su empresa. Es control, Alina. Alexander es un obsesivo del control.
- Llámalo como quieras, pero es intenso. Muy intenso. -Alina se cruzó de brazos y se apoyó contra una pila de sacos de comida para perro - ¿Estás celosa, amiga? - preguntó Lucía frunció el ceño.
- No sé qué me da más celos -bromeó Alina, con un brillo pícaro en los ojos-, que me quiten a mi amiga para llevarla a reuniones aburridas en rascacielos, o tener a ese hombre tras de una todo el día.
Lucía rodó los ojos, sonriendo a pesar de sí misma.
- Alina, por favor.
- ¿Qué? Seamos honestas. Porque no podemos discutir una verdad universal: ese hombre está bueno. Más que bueno. Es como si lo hubieran esculpido en mármol y luego lo hubieran vestido con trajes italianos. Entiendo que sea un dolor de cabeza, pero al menos es un dolor de cabeza con unos ojos grises que... uff.
- ¡Alina! -la reprendió Lucía, sintiendo que el calor le subía a las mejillas.
Eso ya pasó. Ya viví la traición. Ya viví el sentirme insuficiente. No tengo energía para volver a pasar por eso.
- Te refieres a Fernando -dijo Alina, y el nombre sonó como una mala palabra en el cuarto cerrado.
- Sí. Fernando creció con nosotras en el orfanato -recordó Lucía con amargura-. Comíamos en la misma mesa, compartíamos los miedos, soñábamos con salir de ahí juntos. Era nuestra familia, Alina. Y mira cómo nos traicionó.
Alina asintió, con la expresión endurecida - Lo sé. Porque no solo fue contigo. También era mi amigo. Éramos los tres contra el mundo. Y pregúntame si me ha vuelto a hablar desde que se fue con la rica. Nunca. Ni una llamada. Nos borró como si fuéramos un error en su historial.
- Exacto -dijo Lucía-. Si alguien que nos conocía desde la raíz, que sabía lo que era no tener nada, pudo hacerme eso por dinero... ¿Qué puedo esperar de un hombre como Alexander, que nació en cuna de oro y que vive en un mundo donde las personas son activos desechables?
Alina se quedó pensativa un momento.
- Pero Alexander no es Fernando -dijo suavemente-. Alexander apareció cuando Fernando te dejó. Y te dio esto. -Señaló la clínica con un gesto-. Te dio los medios para ser quien eres.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.